La sociedad nos vende dos ideas irreconciliables: por un lado, que cuanto más aprendamos, trabajemos, y nos esforcemos, más lejos llegaremos. Por otro, que en el fondo da igual lo que hagamos: la sociedad no es justa y siempre estaremos discriminados por una razón: sexo, edad, raza, cultura, religión, clase social, etc.
Así, nos hemos convertido en una sociedad donde el victimismo renta muchísimo más que el esfuerzo y el trabajo. Basta elegir una variable para sentirse discriminado: soy árabe en un país cristiano, soy mujer en un país machista, soy gay en un país heterosexual, soy vegano en un país omnívoro, no hablo la lengua, soy extranjero... y luego buscar qué tipo de ayudas o ventajas existen para mi situación particular.
Una parodia de esta situación puede verse en este genial episodio de "Modern Family" (minuto 11:30). La pareja gay protagonista acaba de adoptar a una niña asiática y están haciendo una entrevista para ver si la aceptan en un buen colegio donde hay una demanda altísima. Están tranquilos porque juegan con esa baza: son gays, han adoptado, y la niña es asiática. Nada puede fallar. Pero, de repente, las siguientes entrevistadas son una pareja de lesbianas, una de ellas en silla de ruedas, y con un niño negro en brazos. ¡Ya no tienen nada que hacer!
El victimismo se ha convertido en una maquinaria económica y rentabilizarlo en un trabajo full-time, en una ingeniería en sí misma. ¿Existirá un día en el que tendremos que rellenar una tabla con nuestros datos y se nos pagará una "compensación por victimismo"?
- "Hola, soy Lola Varga, 55 años, homosexual, intolerante al gluten, y tuve un antepasado judío que fue expulsado por los Reyes Católicos en 1492."
- "A ver, espere un momento, que le calculo los complementos. Machismo: sí; homofobia: sí; alimentación: sí; xenofobia: sí. Serían 550€/mes y la podríamos meter quinta en la bolsa de empleo. Le recomiendo que se corte el pelo y se haga un tatuaje: ahí podríamos rascar otros 50€ por sexismo con agravante y quedaría primera en la bolsa de empleo. ¿Qué me dice?".
Nadie niega que exista discriminación por diferentes factores, que la hay, pero no todos los males del mundo se deben a eso, y no es así como se cambian las cosas. Además, el discurso que suele hacerse es totalmente falaz e ignora lo obvio (los datos), para centrarse en lo sentimental y populista.
Quizá el caso más sangrante actual en nuestras sociedades sea el de la discriminación por razón de sexo. Discurso típico: "Hay que introducir cuotas de discriminación positiva: las mujeres en están discriminadas en el mundo científico/ingenieril/universitario en tecnologías de la información porque la gran mayoría de los puestos de dirección son hombres". Basta consultar los datos o recordar nuestra época de estudiantes para ver que el número de mujeres estudiantes de estas carreras rondaba quizá el 10% o menos hace 20 años. Carreras de libre acceso y cuya única "discriminación" para entrar era la nota, donde normalmente las notas de las chicas eran más altas y podían elegir carrera con más facilidad. Curioso.
Pero vemos titulares como "Sólo un 15% en puestos de responsabilidad en ingeniería son mujeres" y esta cifra nos escandaliza y suenan todas las alarmas de discriminación en los medios.
Pregunta de primaria: simplificando y asumiendo que un puesto de dirección requiere (1) una carrera técnica de este tipo, y (2) 20 años de experiencia: ¿qué proporción de mujeres se esperaría hoy en puestos de dirección si hace 20 años un 10% de mujeres estudiaron esa carrera técnica? Respuesta: un 10%. Un titular más correcto que "sólo un 15%", pero que nunca leeremos sería:"Mujeres en puestos de dirección en ingeniería: un 50% más de lo esperado".
Si no ocurre lo que se espera, basándose siempre en datos, debe estudiarse el por qué. Por ejemplo, si hay menos mujeres de las esperadas, a lo mejor resulta que muchas cambiaron de sector porque no les gustaba, o porque no estaban dispuestas a estar encerradas en un cubículo programando durante 10 años antes de llegar a ese tipo de puestos. O, por el contrario, si hay más mujeres de las esperadas (cosa que a nadie importar), ¿de qué carreras/sectores vienen y por qué están ahí? ¿No está para eso el Instituto Nacional de Estadística, en vez de las asociaciones feministas?
Pero no es esto lo que se hace. Se ignoran todos los datos, el discurso racional, y se buscan respuestas fáciles y emocionales para arrimar el ascua a la sardina porque se sabe que el victimismo funciona.
Así, hemos asumido como normal que existan aberraciones como plazas de postdoc sólo para mujeres, becas de proyectos sólo para mujeres, gastos de viaje sólo para mujeres, y ¡hasta reconversión de plazas de profesorado inestables a funcionario sólo por ser mujeres con una justificación asociada de "discriminación histórica" (visto en la Universidad de Viena)! No hablemos ya de "Observatorio de la mujer", "Ministerio de la Mujer y las personas vulnerables", "Sección de la mujer" en universidades, y demás.
La gente no ve los grandes peligros de la "discriminación positiva", es decir, de otorgar algo a alguien sólo (o mayormente) por su condición de que él o sus antepasados son o fueron "X". En otros tiempos a lo mismo se le llamaba privilegios, nobleza, fueros.
El problema es que cuando alguien realmente "compra esa idea" de la discriminación y obtiene un beneficio basado en ella, la ve en todas partes de manera abstracta y general. Todo lo bueno es mérito mío, todo lo malo se debe a la discriminación contra mí aunque eso no sea ni remotamente cierto. Cualquier anécdota o situación particular se convierte en una generalización. Y siempre se quiere más y más haciendo menos y menos.
Ejemplo 1: una conocida mía, que estudió una carrera técnica y trabaja en una ingeniería, siempre está amargada por el machismo reinante en su empresa, según ella. Cosas como que en su tarjeta de visita ponga "ingeniero" en vez de "ingeniera" son la prueba de ello (curioso, en la mía pone "analista" y ni siquiera me había parado a pensar en ello). Eso sí, en más de diez años no ha probado a pedir un aumento, cambiar de sección, por no hablar de buscar otro trabajo, irse a otra ciudad o emigrar. Tampoco le preocupa mucho que sus compañeros varones estén igual de quemados que ella o más.
Ejemplo 2: amiga que es el caso contrario. También estudió una carrera técnica, trabajó unos 3 años de programadora y se cansó. Se movió mucho, emigró, y logró un buen puesto de manager, escalando muy rápidamente en la empresa. Con menos 3 años de experiencia real, veintipico años de edad y sin experiencia previa en gestión, ya estaba dirigiendo equipos y ganado mucho más que compañeros con titulación similar y 10 años más de experiencia que ella. Al final lo dejó porque era mucho trabajo y mucha presión. Ella, que logró lo que casi ningún hombre de su empresa había logrado con más titulación, más experiencia, y años de duro trabajo en la misma empresa, también vio en su empresa una grandísima discriminación hacia las mujeres y sigue con ese discurso.
Ejemplo 3: caso espeluznante de rentabilización del victimismo. Como he comentado, el número de mujeres en ingeniería es muy bajo, y en algunos centros semi-públicos existen una serie de cuotas y políticas respecto a las mujeres. A mi amiga, muy espabilada, también gran activista antidiscriminación y con sus quejas constantes, de repente se le abrieron los ojos. Estos centros tienen verdaderos problemas para alcanzar esas cuotas (aunque no lo dicen públicamente) y rápidamente descubrió que el hecho de ser mujer es claramente una ventaja. A sabiendas, decidió rentabilizarlo: se puso en plan rebelde y empezó a pedir la mejora de sus condiciones o amenazaba con marcharse. En apenas un año, una persona contratada para un perfil 100% técnico ha conseguido, simultáneamente, ser ascendida a jefa de sección y una reducción de jornada a 30 horas (curiosa paradoja). En confianza, farda de ello, y nos cuenta que lo único a lo que ella le importa es pasar más tiempo con su perro, dedicar tiempo a sus hobbies y trabajar lo menos posible, y ella sólo se está aprovechando de una situación que "es así" y de la que "no tiene ninguna culpa". Antes pasaba largas horas en el laboratorio, discutía con proveedores, y ahora se dedica a responder e-mails de subordinados y viajar. Y lo mejor de todo: acusa a sus ex-compañeros (muchos de los cuales llevan casi una década allí) de ser "extremadamente ambiciosos y querer ascender". Por supuesto, para perpetuar y proteger su situación, necesita seguir divulgando el discurso de la discriminación sexual, cuanto más agresivo mejor.
Ésa es la situación que estamos creando: ejércitos de jóvenes que salen de una universidad normalita, con muy pocos años de experiencia y, si no son puestos directamente en un puesto de responsabilidad (eufemismo para: buenas condiciones económicas, gente al cargo que haga el trabajo técnico/desgradable/duro y, preferiblemente muchos viajes a sitios exóticos), buscan alguna excusa victimista. Las mujeres ya han encontrado e institucionalizado la suya: la discriminación.
La verdad es que, por la razón que sea, nuestro sector en particular nunca ha resultado particularmente atractivo para las mujeres. En clase, con compañeros de trabajo después, no conocemos apenas a ninguna que cacharreara con hardware de adolescente, que soñara con intalar una nueva distribución de linux, o programara por afición. Muchas cambiaron de carrera. Curioso que en aquella época no se hablaba mucho de discriminación: simplemente de carreras y sectores más o menos atractivos para unos y otros.
Dos décadas después, toda mujer poseyendo un móvil y un portátil desde la adolescencia, y con la infinidad de recursos existentes (Internet, precios ridículos de hardware y acceso a la información, todo tipo de cursos online de las mejores universidades del mundo, grupos de gente con la misma afición, etc...), la cosa ha mejorado algo, pero en esencia no ha cambiado mucho. Es decir, más facilidades y medios no puede haber, pero ahora resulta que hay un nuevo impedimento para alcanzar la excelencia (palabra que no me gusta pero no encuentro otra mejor) en el campo: la discriminación. La excelencia sólo se consigue con curiosidad y ganas propias, estudiando, trabajando, y manteniéndote en tu campo el tiempo suficiente para tener suerte, si la hay.
Es curioso porque los más tolerantes, guays, y luchadores por la igualdad son los primeros que ven negros, mujeres, y homosexuales y potenciales discriminaciones, en vez de personas. Y los primeros que ayudan a institucionalizar el etiquetado de las personas y ver potenciales discriminaciones muchas veces inexistentes, en vez de enfrentarse y luchar por las situaciones reales.
¿Hasta cuándo se va a insistir en el tema de la discriminación y victimización en éste y otros campos como última excusa para justificar lo injustificable?
Para mí, la verdadera discriminación es la falta de igualdad de oportunidades y esto está casi siempre asociado a una única cosa: la pobreza y la falta de acceso. Por aquí una institución supuestamente respetable destina dinero público para que las investigadoras puedan hacer estancias de investigación sólo por la condición de ser mujeres, justificando no se qué pamplinas históricas de discriminación.
El día que vi cómo una amiga con coche propio y asistenta en casa accedió a esas "ayudas", mientras cientos de compañeros tienen que pagar de su bolsillo cosas como un taxi para ir al aeropuerto a una conferencia de madrugada porque el centro "sólo se cubre el autobús, tranvía o metro", se me revolvieron las tripas.
Desde que la conocí, nunca dudé de que está donde está por mérito propio y ella también criticaba duramente la discriminación positiva: es claramente competencia desleal. Su pareja todavía más: se le hinchaba la vena con la injusticia. Pero unos pocos años en el sitio adecuado y algunos privilegios ayudan a cambiar de opinión.
En concreto, después de disfrutar de la "ayuda de investigación" y pegarse un buen viaje los dos juntos con todos los gastos pagados en su coche propio, empezaron a tener que racionalizarlo. También tenían que ester preparados para racionalizar que si sale alguna plaza de profesor(a), ella tiene muchas más posibilidades que cualquiera de los chicos, como ya ha sucedido en varias ocasiones. La ley existente donde "a igualdad de curriculum, el trabajo será para la mujer" es ampliamente interpretable.
Ambos han comprobado (y sufrido) cómo la ingeniería del victimismo renta mucho más que un doctorado en una carrera técnica y duro trabajo. Así que, sinceramente, no les culpo.
Hoy invito a echar una ojeada a una entrada de blog donde un español relata y reflexiona sobre los cambios que ha visto en Alemania en la última década: se está convirtiendo, al igual que muchos países, en una amalgama insulsa. Coincido totalmente.
Aunque cada lugar es un mundo, hace una década viví esto mismo en Irlanda, Reino Unido, o Estados Unidos. Y me chocó mucho lo siguiente:
Casi todos los trabajos de servicios considerados "duros", son realizados por extranjeros o, como mucho, estudiantes. Camareros, cómida rápida, tienda de la esquina abierta a cualquier hora, taxis, repartidores, agricultura, etc...
En los autobuses sólo íbamos precisamente nosotros: estudiantes y extranjeros, posiblemente de los que realizan esos duros trabajos. El resto iban en su coche particular.
Casi nadie cocina ni, en general realiza labores del hogar: para comer visita obligada al restaurante de la esquina, supermercado, fast food, o cómo mucho traerse un sandwich de casa. Para cenar, una sopa o un trozo de pan con queso, y vamos listos. El que puede, aunque tenga un piso de 40 metros y no tenga hijos, tiene a alguien que le limpia la casa. Si es extranjero y en negro, mejor.
La vida es un plan prefabricado: trabajo, trabajo, trabajo, actividades lúdico-educativas sin parar, y vacaciones "superguays", todo cuanto más exótico mejor. Eso de pasarse la mañana jugando con el crío, visitar a la familia "porque sí", irse al pueblo de toda la vida el fin de semana a darse un garbeo, o llamar a los amigos para tomar unas cañas espontáneamente no se lleva.
Todo parece hacerse en pos de "una sociedad y un mundo mejor": globalización, multiculturalismo, ecología, solidaridad, salud, y demás. Pero es mentira: todo es pura economía y vamos hacia lo contrario. Hacia un mundo dividido entre ricos (autóctonos) que se dedican a "dirigir, coordinar, y gestionar" (=viajar, buenos hoteles, buenas comidas, actividades variadas), y una clase media-baja (preferiblemente extranjera) realizando los trabajos de verdad, con un techo de cristal clarísimo, pero recibiendo a cambio un nivel de vida suficientemente digno para que no se cabreen y pongan fin al estatus quo. Lo que se vende como "bio/ecológico" no es más que un intento desesperado de proteger la producción local en un mercado europeo/global donde por diferencias salariales entre países a los países ricos les es imposible competir de manera tradicional. Lo que se vende como solidaridad no es más que una deuda que se espera cobrar a futuro. Siempre, absolutamente siempre, hay un interés económico detrás. Es curioso: nunca he visto a gente más egoísta, hedonista, y miserable con el dinero hacia los demás que en esos países que se han puesto la medalla de "generosos y solidarios".
En el fondo todo se resume en: si "el mercado" decide que tu tiempo vale diez veces el de otra persona, ¿por qué no subcontratar todo lo que no te gusta hacer y tú dedicarte a disfrutar de la vida? Es el mercado de la necesidad. Actualmente el mecanismo para que todo esto siga funcionando es la diferencia económica entre países y las grandes migraciones. Por eso a nadie le interesa realmente resolver la desigualdad a nivel mundial: un flujo de gente necesitada siempre será bienvenido mientras interese, aunque esto sea una actitud cortoplacista y equivocada.
Nos creemos muy modernos, pero poco ha cambiado desde aquellos tiempos de los romanos, donde todos aspiraban a ser nobles, comer ricos manjares, celebrar fiestas, acudir a eventos, filosofar en las termas, y tener a tus siervos/esclavos encargándose de los "pequeños detalles" que permiten que eso siga funcionando.
En mi opinión, la diferencia en mentalidad/filosofía de esos países anglosajones/centroeuropeos con los países mediterráneos, de momento es todavía grande: nosotros (todavía) valoramos mucho la familia, las amistades sinceras, y las relaciones sociales. Pero es posible que todo cambie si la economía se vuelve similar a la de esos países. Por desgracia, parece que es la mercantilización de todo y el hedonismo triunfan allá donde van. Intentemos que no ocurra, porque tenemos una cantidad de cosas excepcionales que sólo se aprecian cuando vives fuera (esto da para otro post completo).
Esta pequeña entrada da para reflexiones mucho más profundas pero, por desgracia, hoy no va a poder ser. Un par de lecturas de alguna forma relacionadas y que ayudan a entender hacia dónde vamos:
Interesante noticia sobre una empresa privada que se dedica a desocupar pisos usando boxeadores. Lo que más me ha impactado: una empresa privada mediante métodos legales ha solucionado en 45 minutos lo que la policía no ha hecho en 65 actuaciones, y con la policía delante.
En la plaza mayor del sitio donde vivo hay una esquina donde se sienta gente con problemas: alcohólicos, problemas mentales, etcétera. Están, como digo, en medio de la plaza central, con gente, comercios, terrazas, turistas. Normalmente no causan muchos altercados a parte de molestar al paseante, pero el otro día lo hicieron: empezaron a pelearse, rompieron algún macetero, etcétera. El comercio donde trabaja un conocido está al lado. Lo filmaron y llamaron a la policía. La policía más cercana está a 500 metros.
Dos policías aparecieron dos horas después (cuando ya se había solucionado por su cuenta el tema, aunque alguno aun quedaba por allí) en el comercio para avisarles de que lo sentían pero ésa no era su responsabilidad. (?)
Hace unos días aparcamos las bicis para tomar algo en alguna terraza. Volvíamos de un tour largo, así que yo no llevaba el candado gordo, sólo el fino. Estuve vigilando las bicicletas todo el rato, sin problema. Poco después, fuimos a dar una vuelta, 20 minutos, y a la vuelta la bici más nueva y cara de las dos ya no estaba: el candado estaba cortado. Las bicicletas estaban aparcadas en una rotonda de una zona universitaria, a 10 metros de terrazas llenas de gente. Cuando fuimos a la policía (me ahorro la larga historia de encontrar la oficina vacía) casi se rieron, y no nos dieron ni una copia de la denuncia, sino un post-it con el correo electrónico del policía. Al pedir una copia días después por teléfono, dijeron que no hace falta, salvo que la quieras reclamar al seguro. Lo mismo pasó con mi coche al que rompieron un retrovisor tiempo atrás. Vamos, que para demostrar que hay una denuncia tendrías que llamar por teléfono o escribirle un mail al colega.
El año pasado fuimos a regar las plantas de unos amigos en vacaciones, que viven en una zona céntrica y no particularmente mala de la ciudad. Cuando llegamos vimos que habían forzado la cerradura. Habían robado su casa y varias más del edificio. La policía tardó casi una hora en llegar y su actuación se limitó a decir que el dueño tendría que ir a la comisaría a declarar. El cerrajero de guardia llegó en 10 minutos y cambió la cerradura en otros 10.
Esto no es una parrafada contra la policía, sino contra los trabajos y su responsabilidad asociada en general.
En mi universidad hay un investigador invitado que lleva un año con nosotros y todavía no tiene cuenta de usuario ni ordenador. Hemos tenido que pedirlo cerca de una decena de veces, y llamar a más altas instancias para ser que empezara a mover el tema. El trabajo de un proyecto está bloqueado desde hace semanas por la falta de asistencia del encargado de IT. A nadie le importa.
El encargado de IT ignora los correos si son nuestros y hay que subir a rogarle. Ha conseguido una parcela de poder en la que hay que irse de cervezas con él y ser su colega para que mueva un dedo. Y todo el mundo se dobla. Es de sobra conocido que por sobrecarga no es, porque está todo el día de cháchara de un sitio para otro. Ahora mismo acabo de verlo poner en Facebook las fotos de su salida en bici el domingo con los colegas, y comentar y responder a comentarios con verdadero énfasis, cuando ignora los emails de su trabajo. No estamos hablando de un becario de 18 años. Estamos hablando de un señor que roza los 50, con hijos, con un sueldo más que generoso y una estabilidad que ya quisieran muchos.
Somos investigadores/desarrolladores de IT. En base a "cuestiones de seguridad" no se nos permite ni instalar ¡una máquina virtual! Cada tres años se renuevan los ordenadores; ordenadores que utilizamos y encendemos... para imprimir en la red local. Para poder hacer algo, todos nos hemos resignado a tener que traer nuestros ordenadores personales para trabajar porque sólo nos dejan usar Windows y no nos dan ni cuenta de administrador.
Yo le he dicho a mi jefe a la cara que me da vergüenza pertenecer a ese grupo y a esa universidad, que tiene a una persona un año sin máquina y sin cuenta de usuario, cuando se derrocha presupuesto y tiempo en cualquier estupidez. Y que lo voy a comentar en la siguiente reunión general, pero no me ha dejado. ¿La razón? Que no es lugar para comentar esos asuntos (si no es ese, ya me dirá cuál). ¿La razón real? lo haría quedar mal a él.
La gente me tilda de buscar complicaciones o de exagerar. Pero no es cierto. Yo no me caliento, sólo soy directo y hablo de los problemas que hace falta resolver y que son de cajón. Y los llevo a la instancia que haga falta, o los aireo en público si hace falta.
Mi compañera me estaba convenciendo de lo equivocado que estoy yo, y de que es mucho mejor tener mano izquierda, de que no es para tanto, etcétera. Cosas del Karma, supongo, justo en ese momento, su ordenador personal que, como todos, tiene que traer y llevar cada día a casa en la mochila y que usa 8 horas al día en el trabajo le mostró un mensaje que decía algo así: "tu batería está muerta, por favor contacta con el servicio técnico de Apple para su reparación".
Intenté sentir compasión por ella y lo que le va a costar la broma, pero no pude.
La gente se ha acomodado tanto que ya no quiere luchar ni el más mínimo conflicto por defender lo obvio: que la gente haga el trabajo para el que se le contrató.
Quizá porque ellos tampoco lo hacen. Me he preguntado multitud de veces, por ejemplo, cuál es la labor de un profesor universitario. En teoría: estar formado permanentemente, dar clase, investigar y tutorizar. Sin embargo, una buena mayoría consideran todo un "extra". Ofrecer apuntes o soporte por e-mail no va incluido: que me paguen complementos docentes o nada. Aprender un idioma: o bien me ofrecen una excedencia pagada o me ponen un curso gratis y me quitan horas de clase. ¿Libros/revistas de investigación? O me las paga la biblioteca o un proyecto o nada. ¿Investigación? O me ponen un despacho de becarios y me financian un equipo, así como material y viajes a conferencias o no muevo un dedo.
Todo el mundo se resigna y ya nadie es responsable de nada. Todo es vagancia y cualquier cosa menos trabajar. Y el que se queja o dice algo es un exagerado y un liante. En el fondo, casi todo el mundo opina lo mismo y anda fastidiado, pero nadie no sólo hace sino ya ni dice nada. Eso sí, el dinerito (especialmente el público) a final de mes que no se retrase ni un día, por favor, que entonces llamamos a los sindicatos y a Amnistía Internacional si hace falta.
En definitiva: si no luchamos ya no por mejorar sino por mantener lo que debería ser: policías que sean policías, personal de soporte que dé soporte, profesores que den clase e investiguen y tutoricen, tenemos lo que merecemos.
Porque esto no ocurre sin cómplices. ¿O quizá es que aspiramos a convertirnos en uno de ellos en el futuro?
Quién lo diría. Parece que fue ayer y ya hace más de diez años de la primera entrada de este blog. En los últimos este blog ha estado completamente parado por circunstancias personales: cambio de país, trabajo, y demás. Mis disculpas.
Hoy, sin embargo, he visto una entrevista a Pérez-Reverte que me ha hecho volver a retomarlo. A parte, por supuesto, de las peticiones de algunos comentarios y directamente de amigos (gracias, Pachi). Esta entrevista y algunas otras cosas que tenía en mente me ha hecho replantearme varias cosas acerca de la comunicación humana y de cómo influye en nosotros.
Por ejemplo, ¿dónde han quedado conversaciones como las de la entrevista? Conversaciones calmadas y profundas, con gente inteligente y que tiene algo que decir. La gente dice que no hay tiempo para estas cosas, pero es mentira. ¿Cuántas horas al año pasamos en Facebook, en grupos de Whatsapp o relatando en detalle nuestras vacaciones o eventos? Estamos tan inundados por la inmediatez, la superficialidad, y la estupidez que no nos damos ni cuenta. Casi sin darme cuenta, yo me había metido también en esta dinámica. Realmente es muy difícil no entrar en ella sin quedarse fuera.
Pero, en el fondo, no satisface. Somos lo que leemos, escuchamos, escribimos y decimos. Cuando nuestra comunicación se limita mayormente a enviar fotos de las vacaciones y chistes, y responder con un emoticono, nos estamos emprobreciendo. Google ha dado un paso más allá hacia el empobrecimiento comunicacional con su aplicación de mensajería instantánea. Una de sus virtudes es que es "inteligente". Por ejemplo, un amigo nos envía una foto de su perro en casa y la aplicación es capaz de analizar la foto. Y de proponernos varias respuestas precocinadas: "Qué mascota tan adorable", "Es un labrador precioso", etcétera. Además, también vende como virtud un mayor rango de emoticonos y dibujitos. Todo ello, dicen, "para dar mayor libertad de expresión al usuario".
La "inteligencia artificial de Google" en realidad está indicando qué es lo que se espera que respondamos poniéndolo a un click de distancia. Puede que nosotros mismos no sepamos que es un labrador, pero aun así le daremos al botón. También (por omisión) nos indica qué es lo que no se espera que digamos. Aunque es relativamente fácil generarlas, nunca veremos respuestas como: "te quejas del maltrato y comercio con animales, ¿y ahora te compras un labrador de pedigrí y lo dejas todo el día solo en casa?". Esto no es precisamente libertad de expresión, sino todo lo contrario.
La conveniencia siempre gana. ¿Puede que algún día no muy lejano en vez de poner una letra detrás de otra de manera más o menos coherente e intentar hacernos entender, nos limitemos a responder a base de un solo click?
Es algo que ya está pasando y la tecnología, en vez de ayudar, parece que haga lo contrario. La gente tiene verdaderas dificultades para expresarse. De manera escrita y también oral. El nivel de las conferencias y eventos, en general, es penoso. Las conversaciones, en general, no son claras. Hay muchísimos malentendidos, enfados, y tiempo malgastado porque la gente espera que los demás lean sus mentes, en vez de aceptar que no están comunicando nada inteligible. A veces parecen intercambios de monólogos donde nadie escucha.
A lo que iba. He disfrutado más una hora escuchando a Pérez-Reverte hablar que en la mayoría de eventos y conversaciones que he tenido en los últimos años; si es que pueden llamarse así. Casi todas son superficiales, artificiales, aburridas. Y, el mayor problema, ya casi nadie quiere escuchar otro tipo de conversaciones donde alguien realmente tiene algo que contar.
Dos eventos recientes que lo ejemplifican, con grupos de gente inteligente, con sus estudios universitarios, viajados a muchos países, etcétera, y que se consideran ellos mismos "cultos".
Después de la ronda de fardar de varios museos alrededor del mundo (de lo más variopinto, pero lo importante es que son "famosos"), pregunto al personal. "¿Habéis visitado el museo de Kepler aquí? ¿Sabéis que Kepler vivió y dio clase aquí muchos años? Igual que Tesla y otros tantos que estudiamos en física. Pensar que han estado aquí dando clase en las universidades a las que nosotros asistimos y por las que paseamos cada día... es fascinante". El personal me mira raro, y se nota que quieren cambiar de tema. Para ellos Tesla es un coche, supongo. Pregunto, en alto, "¿de verdad que no sabéis quién fue Kepler ni os suenan (más o menos) las leyes que lo hicieron famoso? Silencio sepulcral, incomodidad, miradas apartadas, y vuelta a las conversaciones de café de personas cultas.
Empieza una conversación sobre aprender idiomas. El uno fardando de una cosa, el otro de otra, el tercero de que usa una aplicación superguay llamada "Babbel". Digo, "sí, está bastante bien, desde luego con el nombre de su marca dieron en el clavo. Mejor no podía haberse elegido". "¿De qué estás hablando?", pregunta uno. Respondo: "Hombre, por la historia de la torre de Babel, que es cómo explica la Biblia la aparición de las distintas lenguas. Todos los hombres hablaban una sola lengua y por tanto podían entenderse y cooperar fácilmente. Se pusieron a hacer una torre que llegaría hasta el cielo, y Dios entendió eso como una amenaza, que se estaban poniendo farrucos, vamos. Así que los castigó creando distintas lenguas y segregándolos para que no se entendieran. El nombre de Babel es exquisito. Y Dios un cachondo, ¿no os parece?". Todos me miraron raro, nadie tenía ni idea de qué estaba hablando. Me sentí como en otro mundo. Por si acaso, vuelvo a preguntar, "¿de verdad que no os suena lo de la torre de Babel y las lenguas?". Misma reacción: silencio sepulcral, miradas apartadas. Lo más gracioso es que todos ellos recibieron educación religiosa en algún u otro momento, y yo nunca. Vuelta a conversaciones cultas de verdad, donde una amiga nos pregunta si sabíamos (lo descubrieron en el viaje del que acaban de volver) que en Perú hay más de 5000 variedades de patatas. La gente parece fascinada (y recalco, "parece") e incluso participa animadamente en la conversación, respondiendo cómo comieron insectos en China.
Ése es el nivel de las conversaciones "cultas" a las que me he enfrentado en los últimos años. Uno intercambio de fardar de experiencias superficiales. En cuanto tocas cualquier tema, en vez de tener una conversación, sólo parece haber dos reacciones: pretender corregirte y darte clases sobre el tema si les suena, o ignorarlo y no querer saber nada de él. Quizá es porque es otra cultura diferente, no lo sé. Pero, en cualquier caso, es bastante empobrecedor.
En fin, esto ha sido suficiente para empezar a desoxidar el blog. Gracias a todos los que todavía seguís leyéndolo. Y gracias, humildemente desde aquí, Arturo Pérez-Reverte, por la motivación. Leer y especialmente escribir son ciertamente buenos analgésicos.
No voy a perder tiempo con esto, pero la cosa se no está yendo de las manos. Lean la entrevista a esta joven musulmana aragonesa y ríanse un rato: "Machista no es el Islam, son las sociedades". Ahora resulta que es Islam, en realidad, es feminista, lo que pasa que está mal interpretado...
Tantas décadas para deshacernos de pensamientos irracionales, de sociedades (e incluso políticas) regidas por escritos de un libro "sagrado", del nacionalcatolicismo franquista, de luchar para construir un estado laico... ¿Por qué es el Opus Dei tan terrible y los Adventistas del Septimo Día "una secta de gente mal de la cabeza", y sin embargo el Islam y el Corán no sólo son "guays" y respetables, sino hasta feministas?
Más que una sarta de tonterías e incoherencias como ésta:
"Ni siquiera veo que el islam como una religión, sino como una forma de vida. Y el Corán lo entiendo como un manual que te ayuda a diferenciar lo que está bien y lo que está mal, lo bueno es que te da el porqué, razona cada enseñanza..."
me preocupa que ésta es la primera noticia que he visto en toda mi vida en Heraldo de Aragón donde no se permiten comentarios.
Esta política se une a una tendencia ya global en Europa donde hasta los periódicos cuyo lema es "Speech is free" y dicen luchar por la libertad de expresión y el debate y eliminar toda censura, han cerrado los comentarios en noticias que toquen ciertos temas como los refugiados o el islam.
¿Por qué están cerrados los comentarios? ¿De qué tienen miedo los medios? ¿De la libertad de expresión? ¿De buenos argumentos? ¿De la verdad? ¿De escuchar lo que piensa la gente?
¿A qué viene está moda y permisividad por odiar y criticar a la religión católica, mientras se defiende lo indefendible del mundo islámico (y se cierran los comentarios por si acaso a alguien se le ocurre opinar o mostrar datos)?
Una amiga me ha enseñado hoy unos dibujos con sombras que ha hecho en un curso. Los dibujos son muy buenos, pero en vez de despertar emociones positivas en mí, se me ha revuelto el estómago. Me ha costado un poco entender por qué, pero al final lo he conseguido. Fueron mis experiencias con la profesora de dibujo en el instituto, lo cual me ha llevado a pensar cómo los profesores marcaron nuestras vidas y nuestro futuro.
Recuerdo muchas cosas de los profesores. Tuvimos algunos profesores excepcionalmente buenos, como los de informática, matemáticas, o física, que nos hicieron entender y amar la ciencia, la tecnología, el mundo; tuvimos los mediocres--la mayoría--, y tuvimos algunos que nos hicieron odiar las asignaturas.
En general, los de letras/humanidades/arte fueron los peores. Quizá porque sus objetivos didáctivos y sus correcciones eran más subjetivas que otra cosa y era imposible demostrar nada cuando considerábamos alguna correción injusta. Así como en matemáticas, física, o informática, o sabías hacer las cosas o no sabías, y muchas veces podías demostrar un error en la correción, o un camino diferente que llevaba a la misma solución; en humanidades el único argumento era el de autoridad de la palabra del profesor. En ciencias también pasaba, pero mucho menos.
Reclamar un resultado injusto en humanidades o arte era más un juego de negociación, persuasión y manipulación, a veces hasta sumisión, que de utilizar la evidencia. Una sonrisa pícara, una mirada sumisa, en matemáticas, física o informática, servían de poco.
Por otra parte, ¿cómo iba un chaval de 16 años tener una interpretación diferente (no digamos ya "más acertada") de Kant que el profesor? ¿cómo iba ese mismo chaval relatarte la historia de una manera diferente, sobre todo si había consultado otras fuentes?
A estas personas se las castigaba con notas "borderline" y a veces humillaciones delante de todos. Recuerdo algunas anécdotas personales.
En historia yo era bastante aplicado, estudiaba, pasaba los apuntes a ordenador de manera estructuradísima mezclando lo dicho en clase, con el libro, con a veces otras fuentes. Mucha gente de clase me pedían mis apuntes y estudiaron de ellos. No sólo muchos de esos alumnos no eran muy brillantes, sino que todo el mundo sabe que para realmente interiorizar una cosa hay que escribirla o enseñarla (cosa que hacía yo con mis apuntes). El resultado era que la mayoría sacaba mejores notas que yo en el examen. En muchas ocasiones yo sacaba un suficiente o un bien, cosa insultante para cualquiera que se tomara estudiar en serio. A veces las cosas llegaban a límites ridículos. Hace casi 20 años de ésto y todavía lo recuerdo. En un examen escribí la palabra "paliación" y no sólo me bajó la nota el profesor sino que me ridiculizó delante de la clase, leyéndolo en público. Se río y dijo algo así como "muy buena tu creatividad, muchacho--en tono sarcástico--pero esa palabra no sale en mi diccinonario María Moliner". Yo no podía segurar en el momento que estaba en lo correcto (no había Internet), así que lo miré luego en casa. Al día siguiente le dije que me parecía muy bien, pero que en mi diccionario de la Real Academía la palabra sí que salía. Se hizo el loco y todavía estoy esperando que me suba la nota o una disculpa .
En filosofía la cosa era todavía peor. El profesor hinchaba la nota descaradamente a las chicas, y a muchos de nosotros nos ponía como nota un interrogante "?" en el examen, cosa que no sabíamos ni qué significaba, imagino que para hacerse el interesante. Resultó significar que tu caso era borderline y tenías que pasarte a hablar con él para ver "qué hacía contigo", como si fuera un juicio. El juicio era un juego raro que hoy me parece "demasiado íntimo". Con casi toda probabilidad, el profesor era homosexual y sus ojos lo decían todo. Con la lucidez que dan los años, hoy la imagen de ese profesor junto a un adolescente me da escalofríos. Tu aprobado o suspenso marcado por ese interrogante "?"--que quizá representaba su sexualidad--dependía de esa pequeña charla íntima.
Pero a quien recuerdo con más rabia es a la profesora de dibujo. Como tantos otros profesores, puntuaba por afinidad con el alumno. La diferencia es que en otras asignaturas era tu palabra contra la del profesor porque se trataba de un examen, pero aquí yo lo podía demostrar, porque muchos ejercicios se hacían en casa.
El caso es que la profesora de dibujo tenía de enchufado a mi compañero. Yo le tenía cariño, pero el chaval no estaba hecho para estudiar y lo decía abiertamente. Se pasaba la clase relatándonos sus peleas de neonazi el fin de semana, enseñándonos sus carnet de Franco y odiando a moros y negros. Creo que acabó en el ejército. Su esfuerzo era mínimo y sus dibujos eran una auténtica chapuza, pero siempre conseguía aprobar, a veces hasta con un 6 o un 7.
Yo soy bastante malo con el dibujo, pero desde luego la diferencia en dedicación (y el resultado final) de ambos saltaba a la vista. Sus dibujos eran una chapuza hecha en cinco minutos que daba pena verlos y los míos, sin tener ningún toque artístico, eran bastante decentes.
Como decía, mi obsesión por la injusticia, ya que ambos sacábamos las mismas notas en esa asignatura--a veces él más alta que yo--me llevó a realizar dos experimentos.
En un ejercicio para casa, antes de entregarlo, se lo enseñé a otra profesora de dibujo que conocía para que lo valorara y lo puntuó entre un 8 y un 9. Nuestra profesora de dibujo me lo puntuó con un aprobado (5 ó 6, no recuerdo).
En otro ejercicio, le dije a mi padre (aficionado al dibujo y con muy buena mano) que lo hiciera por mí. Eran unas formas geométricas sombreadas, e hizo muy buen trabajo, a años luz de cualquier cosa que yo pudiera hacer. El ejercicio merecía un diez y hasta un ciego sabría que era imposible que yo fuera el autor (casi no me atreví ni a entregarlo). La profesora lo corrigió y le dio un notable de puntuación, algo así como un 7 o un 8.
De la universidad podría contar tres cuartos de lo mismo, pero a esas edades uno ya está más maduro, más seguro de sí mismo, hay otras fuentes de validación externas mucho más potentes que el profesor (no hablemos en la era de Internet), etcétera.
Con la profesora de dibujo y otros tantos aprendí la siguiente lección vital, cierta en tantos casos:
Las
personas pueden no ser justas ni objetivas de manera demostrable,
aunque en eso consista básicamente su trabajo. No quiero pensar en el
caso de los jueces...
Muchas personas ponen por encima sus
afinidades y simpatías, o simplemente su atracción sexual, a esfuerzo y
resultados, o utilizan su poder y jerarquía para manipular.
La mayoría de las figuras de autoridad no soportan que alguien que consideran "inferior" lleve razón o les corrija.
A veces no alcanzamos a comprender la importancia e influencia que tienen los profesores en nosotros, especialmente cuando somos niños y adolescentes. Un profesor injusto, favoritista, manipulador, puede influir en la personalidad mucho más allá del "no me gustan las matemáticas porque el profesor no sabía explicarlas".
Si el arte consiste en despertar emociones y reflexiones, desde luego los dibujos de amiga lo han conseguido. Y eso, con total seguridad, no hace falta enseñarlo.
Un saludo.
Actualización: Mi amiga, una persona muy inteligente y hábil, acaba de leer esta entrada y me ha dicho que no puede estar más de acuerdo. Me ha contado la anécdota de cómo escribió un poema a su madre como ejercicio en clase, cuando tenía 8 o 9 años. Ella dice que era precioso. El profesor dijo que era demasiado bueno para ser suyo, que lo había copiado y le hizo escribir otro, acorde a lo que se esperaba de su edad.
Packlink es un intermediario que te permite encontrar proveedores para realizar tus envíos a precios supuestamente buenos. ¿Cómo funciona? Pesas y mides el paquete en casa, te metes en su página, eliges origen y destino, te calculan precios de diferentes empresas de mensajería, eliges una, pagas, y ellos se encargan del resto.
Hace timpo envié un paquete voluminoso al extranjero a través de Packlink. Pesé y medí el paquete siguiendo sus pasos. Obviamente lo hice con una báscula doméstica y un metro, pero para un paquete de más de un metro y 20Kg no debería haber mucho problema. Además redondeé por arriba en medidas y peso, por si acaso. Ya que, según su propia información, este proceso de pesado/medida es comprobado por la empresa de mensajería y, en caso de error, se reclama al cliente la diferencia más una multa para proceder con el envío. Por tanto, obviamente, nadie se la va a jugar y menos en un paquete grande. Pasaron a recogerlo y el paquete llegó a su destino. Hasta ahí, todo correcto.
Más de seis meses después, recibo un correo de Packlink diciendo que la empresa de mensajería informa de que mi paquete, según ellos, pesaba ¡55 Kg! Me informan de que el precio de enviar tal paquete correspondía casi ¡al doble! de lo que yo pagué y, por tanto, debo pagar la diferencia.
Obviamente ha debido de haber algún error, porque incluso en caso de imprecisión en las medidas al hacerlo en casa (100 gramos arriba y abajo / 1 centímetro en un paquete de más de un metro), es imposible que eso corresponda a doblar el precio por el envío. Y, desde luego, el paquete no pesaba 55 Kg.
Packlink: empresa fantasma
Me pongo en contacto con ellos y empieza a confirmarse lo temido: es una empresa "fantasma". Es decir, es básicamente un software funcionando como intermediario, pretendiendo dar la imagen de una empresa seria y razonable por detrás.
¿Por qué? En primer lugar invito a que el cliente busque un teléfono en la página una página de contacto que invita a resolver los problemas por chat. Para encontrarlo hay que buscar en Google. Llamé 5 veces y en todas las ocasiones, tras simular que todos los "agentes" estaban ocupados y tras un tiempo predeterminado, siempre el mismo, la grabación finalizó invitándome a que utilizara otros medios (chat de la página). Qué casualidad.
Utilicé el chat "live" en 2 ó 3 ocasiones, y nadie me respondió. Al parecer también todos sus "agentes" estaban ocupados. Horas después recibí unos correos electrónico simulando ser las respuestas del chat e indicándome otra dirección de correo electrónico.
En esta dirección de correo electrónico, que si fue ágil (pero sigue siendo e-mail después de todo), se me habló de que era el peso volumétrico y no el real el que se me facturó. Es decir, aunque tu paquete no pese esos 55 Kg, si es de dimensiones grandes, asumen que ése será su peso. Me envían un screenshot donde, con mis medidas y mis datos, Packlink calculó un peso volumétrico (no transparente y no declarado a mí en ningún momento del proceso) unos 6 Kg inferior al que midió/calculó el transportista.
Acudí directamente también a la empresa transportista, Zeleris, para clarificar el tema de las medidas y el peso y se lavaron las manos, redirigiéndome a Packlink.
Es decir:
El error es mío, no del transportista. Es su palabra contra la mía.
En ningún momento del proceso de envío se informa del peso real/volumétrico ni de cómo lo calculan. Es importante porque utilizando calculadoras de otros proveedores, sus cálculos no coinciden en absoluto. El sistema de cálculo de peso volumétrico que ofrece Packlink es inútil, ¿quién sabe el peso por metro cúbico de sus envíos?
Se me informa y reclama 6 meses después.
En supuesto de que el error fuera mío (que no lo es), una diferencia de ¿100 gramos? de peso o ¿1 centímetro? en la medida de un paquete en casa (de 20Kg y más de un metro de longitud), se amplifica según sus cálculos hasta el punto de costar EL DOBLE.
En el correo de atención al cliente se pone de manifiesto (en el uso de las unidades de peso, volumen, etcétera) que no hay demasiada profesionalidad y ni siquiera entienden qué significa "peso volumétrico". En cualquier caso, como cliente no me interesan unos detalles técnicos pésimamente explicados, cuando al cliente se le piden simplemente alto, largo y ancho y el peso del paquete para cobrarle. Si hay algún error, deben hablar en el mismo idioma que me exigen a mí. Es decir, ¿dónde está el error? ¿cuánto pesaba o medía el paquete de más respecto a lo que yo declaré?
Así que, como suelen decir, lo barato sale caro. Parece que este no es un caso aislado, especialmente en el tema de atención al cliente. No quiero imaginar qué habría pasado en caso de haber contratado seguro o de pérdida del paquete...
El único valor añadido de Packlink respecto a contratar a una empresa de mensajería directamente sería su atención al cliente o su eficacia. Toda la evidencia existente en la web indica lo contrario. Mi experiencia también: lo único que he recibido por parte de Packlink ha sido una reclamación injusta seis meses después, donde no he podido hablar con nadie para resolverla o que me explique cuál fue el verdadero problema ¿el paquete medía 1 centímetro de más respecto a lo declarado? o cómo esto puede amplificarse hasta el punto de doblar el precio de un envío.
Tratar al cliente honrado como un ladrón y no ser transparente y eficaz no es la mejor forma de llevar un negocio donde lo único que puedes aportar es precisamente eso.
¿Recuerdan el post de hace tiempo donde un político de UPyD denunciaba los desorbitados sueldos de los políticos? ¿Recuerdan lo valiente que fue y cómo fue tratado?
Lo mismo pasó en Alcalá de Henares, donde UPyD obligó al futuro alcalde del Partido Popular a firmar un acuerdo que incluía bajarse el sueldo, a cambio de su apoyo. Una vez recibido el apoyo en las urnas, el alcalde del Partido Popular no cumplió, y UPyD así lo denunció.
"El alcalde ha incumplido este punto y otros 19 más de los 25 que firmó
con nosotros", explica el portavoz de UPyD en Alcalá, Anselmo Avendaño,
que prosigue: "Es muy grave que un candidato a alcalde firme un
compromiso por escrito y que tras ser elegido no cumpla nada. Esto daña
muy seriamente su credibilidad como político".
"El alcalde de Alcalá (PP) logra no bajarse el sueldo gracias al voto de UPyD.
Éste es uno de los motivos que he cogido al azar y en el que he perdido 5 minutos en comprobar la veracidad.
¿A qué se debe la campaña de acoso y derribo contra uno de los pocos partidos que, con sus más y sus menos, parecen trabajar activamente y enfrentarse al establishment, y ofrecen argumentos razonables y transparentes en casi cada propuesta?
Hoy leo un interesante artículo titulado "Hay vida más allá de Punset". Finalmente Punset ha salido del armario, aunque era fácil verle el plumero, tal y como se ha venido denunciando en este mismo blog. Ahora que ya tiene una masa crítica de gente y todo el pescado vendido...
Punset anuncia en ella que deja la divulgación científica y se dedicará, de pleno, a la autoayuda. Su ocupación será ahora un gabinete llamado Apol (Apoyo Psicológico Online), con el que se centrará en "intentar responder a las preguntas de tantísima gente sobre qué les pasa por dentro", como "la soledad, el cansancio y las contrariedades". Si uno entra en este gabinete, se encuentra con algo parecido al típico consultorio sentimental. "Mi madre abusa del alcohol y las pastillas" o "se burlan de mí por mi sobrepeso" son algunos de los títulos de las consultas.
Hace unos años escribía esto sobre un grabador de TDT inteligente y el problema de ofrecer firmware inmaduro en productos caros:
InOutTV ha hecho una apuesta arriesgada: ofrecer un producto con un
firmware totalmente inmaduro e ir puliéndolo a base de las quejas
constantes de sus usuarios.
(...)
si bien estamos malacostumbrados a trabajar con software que funciona mal en nuestros ordenadores, la gente no perdona que el aparato con el que ve la televisión y graba sus series favoritas falle, se bloquee o se muera cuando le viene en gana.
A día de hoy, esto es lo que pone en su web:
"la compañía se encuentra en concurso de acreedores desde el pasado
18 de junio de 2012 (...) se informa a los
usuarios que los equipos receptores comercializados por InOutTV y/o sus
partners comerciales dejarán de recibir la guía de programación de
SincroGuíaTV a partir del 1 de noviembre"
Es bastante probable que la calidad de su firmware haya tenido algo que ver con esta mala noticia. Una prueba más de que la implementación es tan importante o más que las sobrevaloradas ideas. La idea del producto era muy buena y está funcionando en otros países.
Dos días después de escribir sobre el inglés de Ana Botella, me llega una opinión interesantísima de alguien mucho más informado que yo: Richard Vaughan.
Les pongo algunos extractos aquí, pero por favor léanse el artículo completo aquí.
Sobre el discurso de Ana Botella:
Volviendo al discurso de Botella, si lo comparamos con los otros discursos, ¿no ofreció una imagen patética? "Si
lo dices por la pronunciación, como angloparlante te diré que no. Los
japoneses tampoco hablan bien... ni los chinos ni siquiera los alemanes.
Esto tiene una explicación. Países como Japón, Alemania, Francia o
España han tenido un mercado interno muy grande, suficiente para
abastecer sus necesidades. No necesitaban hablar otro idioma para
sobrevivir. Caso contrario fue el de países como Holanda, Dinamarca,
Noruega o Suecia. Ellos dependían del exterior, por eso hablan
fluidamente el inglés: porque lo necesitaban."
"A la alcaldesa se le entendió correctamente, porque su discurso
estaba bien escrito y se notaba que lo había ensayado mucho. Está claro
que no tiene buen nivel de inglés, y que lo habla con fuerte acento
español, pero eso cualquier angloparlante lo ve normal. En este país
pocos pueden tirar la primera piedra… Yo llevo muchos años en España y
sigo teniendo acento americano. Sólo el público español se lo tomó con
tanto cachondeo."
Sobre aprender inglés:
"En el caso español, existe una dificultad añadida: la “mala leche” de
los compatriotas, que no dudarán en “recochinearse” del acento de quien
intente hablar inglés en público."
Sobre nosotros:
"Te cuento mi experiencia: cuando llegué a España viví con varias
familias y en casi todas sucedía lo mismo. Cuando la familia estaba
reunida, en la comida o la cena, los padres despotricaban contra todo:
contra el vecino, contra el compañero de trabajo, contra el jefe… lo
hacían constantemente y delante de los niños. Claro, los pequeños
absorbían esa forma de funcionar. Supongo que eso termina por forjar el
código genético de un pueblo."
"Es algo extraño de los españoles... ¡parecen gozar criticándose a sí
mismos! Y no se critican de cualquier forma, sino con recochineo, con
saña, con mala leche... El español tiene un concepto de sí mismo mucho
peor de lo que realmente es. No hay mejor negocio que comprar a un
español por lo que dice que vale y venderlo por lo que realmente vale. "
A veces da gusto leer los artículos después de escribir sobre un tema, y no antes.
Dicen que para superar un problema lo primero que hay que hacer es reconocerlo. Y no queremos. Estoy hablando del "conmigo o contra mí" que tan brillantemente escribía Pérez-Reverte y se sigue transmitiendo como si de un virus se tratara:
Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables.
Viene esto al cuento de Ana Botella y su presentación para 2020 en inglés. Desde la lejanía y algo aislado como suelo estar del mundo, no he conseguido evitar enterarme aun sin querer. ¿Por qué? En la última semana he recibido un sinfín de mensajes de gente vomitando odio, parodias y ridiculizaciones de todo tipo (musicales, gráficas...), editoriales de periódicos sangrantes... En fin, que parece que lo más fácil movilizar a todo un país y que se ponga creativo y a trabajar es ser del PP y decir "a relaxing cup of café con leche" en público en un discurso en inglés. El odio hará el resto.
Vaya por delante que no simpatizo con Ana Botella, su política, ni mucho menos con sus méritos profesionales (básicamente ser la mujer de José María Aznar) pero, cansados como estarán del monotema, permítanme que les haga un análisis complementario del asunto que muchos entenderán que es "en su defensa". Precisamente aquellas personas que seguramente no hayan entendido el artículo.
Despolitizando el asunto
Ocurre algo preocupante en España, y es que se ha permitido la licencia popular de descalificar, insultar, desacreditar, desconfiar, o ni siquiera pararse a escuchar a algunos porque "son de derechas", mientras se perdona, maquilla, idealiza, confía en otros tantos porque "son de izquierdas", aunque hagan el mismo ridículo o más que los otros en su propio idioma.
Para analizar el asunto con algo de imparcialidad hay que dejar la política de lado. Por poco simpatizantes que seamos de ciertos partidos y personajes (yo el primero), no podemos utilizar tácticas ad hominem para descalificar automáticamente lo que dicen o hacen.
Vamos allá.
La intervención de Ana Botella en global
Cuando el vídeo me llegó a través de redes sociales, con comentarios y mofas de algunos extractos, sinceramente, no entendí la gravedad del asunto, así que me puse a ver el vídeo completo. Les recomiendo que lo hagan ustedes así también y luego lo comentamos.
Tras verlo unas cuantas veces y tener en cuenta ciertas cosas (que luego veremos), mi puntuación global de su intervención (inglés incluído) sería alrededor de un 8. Sí, un ocho. O.C.H.O.
Un 8, dice. ¿Este tío se ha vuelto loco? ¿Tú quién te crees que eres?
No me gusta hablar demasiado de mí, ni dar detalles de mi background, ni creo en los argumentos de autoridad, pero sí creo que cuando alguien afirma algo debe contar un poco qué sabe del tema para poner a los demás en contexto. Cuando se habla de sensaciones y opiniones, creo que no cuenta lo mismo la del que pasaba por ahí y no ha escuchado un discurso en su vida que, pongamos, un conferenciante, o un orador como Winston Churchill.
Yo no soy un gran orador ni un prodigio de los idiomas, pero ambos temas me gustan y por eso escribo acerca de esto. He hecho algunos cursos de hablar en público (cosa que recomiendo a todo el mundo), he leído mucho, muchísimo, acerca del tema, he sido profesor universitario "de pizarra" ante más de 100 alumnos, y hago presentaciones habitualmente en conferencias en inglés. Y, lo más importante: he escuchado (quizá más de lo que me gustaría) a muchííííííííííííísima gente hablar en público en inglés.
Respecto al idioma en sí, no tengo problema alguno en entender el idioma, y llevo leyendo y viendo películas y documentales sin subtitular (probablemente más que en castellano) desde hace muchos, muchos años. A la hora de expresarme, parece que también me entienden sin problemas. Por supuesto y por mucho que me he esforzado en reducirlo, sigo teniendo mi acento, y se me siguen escapando muchos de los fallos típicos de los hispanohablantes.
Me alegro por ti, chaval, pero el inglés de Ana Botella es pésimo
Tengo mis dudas acerca de que Ana Botella se defienda bien en inglés a nivel particular (entender, expresar ideas complejas, etcétera), es cierto. Pero eso no es lo que se está evaluando aquí. Se está evaluando la presentación de la candidatura.
Y siento desilusionarles: el inglés en el discurso de Ana Botella es bastante decente. Su inglés se entiende perfectamente, está bien vocalizado, el ritmo es aceptable, y su acento está dentro de lo habitual en hablantes españoles.
¿Cuándo vamos a entender que hablar bien otro idioma es ser capaz de comunicar en él? ¿Qué no importa conservar el acento o ciertos giros mientras se entienda? ¿Que, especialmente en Estados Unidos y sus zonas más pujantes está perfectamente aceptado que cada uno habla inglés de su padre y de su madre (hindúes, latinos, italianos, asiáticos...)?
Y, sobre todo, ¿que en este tipo de eventos internacionales se espera y está acostumbrado a que no se hable inglés como un nativo?
¿Por qué insistimos en fustigarnos tanto nosotros? Más sobre esto un poco más adelante.
¿Y qué hay del famoso "café con leche"? ¿Es que no sabe decir "coffee with milk"? ¡Menudo ridículo!
Si ustedes no han entendido lo del "café con leche" siento decirles que no sólo no entienden de hacer discursos (esto es comprensible), sino que tampoco les gusta el café con leche lo suficiente para entenderlo. El café con leche (no digamos ya los churros) se echa de menos por ahí siempre que se viaja. No es fácil salir de viaje y dar con las sencillas fórmulas españoles: leche caliente y café en su justa proporción. Mucho cappuccino, espresso, macchiato, y guarrerías varias en sitios como Starbucks, pero de café con leche nada de nada. Y, además, en muchos casos les cobrarán una auténtica pasta, como si lo que usted consideraba casi un derecho (permítaseme la licencia) se hubiera convertido en un producto de lujo.
El asunto del "café con leche" estaba totalmente premeditado, como es obvio. Y si cree que no, siento decirle que es usted bastante ignorante. Introducir palabras del idioma nativo en otro idioma es una forma de llamar la atención, de intentar remarcar la originalidad o particularidad de la cosa en cuestión, o de identificarse con esa cosa a través del nombre (aunque en el fondo exactamente lo mismo se haga en muchas otras partes del mundo con exactamente la misma cosa, pero ahí queda el recurso estilístico).
Me resulta curioso ese ataque al café con leche en un discurso en inglés, cuando nosotros lo hacemos a diario en castellano: volvemos de Viena diciendo que hemos probado un "Schnitzel", que no es sino un filete empanado como el que hacemos en casa (pero seguramente más seco y al triple de precio), o que hemos ido a la playa y pedido un pantomaca (que no es más que pan con tomate - pa amb tomàquet).
Ana Botella (o quien le haya escrito el discurso) quería dar ese toque emotivo de situar al personal tomándose un "café con leche" en el precioso escenario la Plaza Mayor para intentar atraerlos hacia esa experiencia.
Si ustedes no entienden el giro, considérense afortunados: tienen la suerte de seguir disfrutando de su café con leche en su terracita a media mañana y dan por sentado que así ocurre en el resto del mundo.
Por desgracia, en muchísimos lugares (sobre todo de área no Mediterránea) esa experiencia no existe. A las 11:30 en muchos sitios la gente ya está comiendo y no se sirven cafés, aún no han terminado la consumición y ya les están trayendo la cuenta para echarles. O, simplemente, el único establecimiento decente y abierto es un Starbucks donde hordas de gente solitaria acude a conectarse a internet y disfrutar de esa experiencia que un amigo definió como "collective loneliness".
Lo que daría ahora mismo por tomarme un café con leche en la Plaza Mayor de Madrid.
Vale, pero es que parece que hable al público como si fuera retrasado
Es cierto: Ana Botella no estaba excesivamente cómoda. Pero poca gente lo hubiera estado: ese trabajo no es nada fácil. Era en directo y ante cámaras de televisión, pero también ante un gran auditorio.
Como cualquiera que haya estado en la tesitura, visto algún gran discurso de época, o simplemente leído un poco (este libro es especialmente bueno en explicarlo), ambos escenarios (televisión y auditorio) son bastante incompatibles.
Desde un auditorio se habla a un público lejano y generalmente poco atento: requiere de una mirada perdida, un discurso muy pausado y perfectamente vocalizado, un tono de voz alto y una exageración casi teatral en los gestos. En definitiva, captar la atención de todos los presentes en la sala.
Cuando se habla para televisión es todo lo contrario: tono y gestos moderados, ritmo más rápido, mirada más fija, y más naturalidad. Ante un público que generalmente está cómodamente en su casa y se está fijando única y absolutamente en ti.
En resumen: el discurso de Ana Botella si hizo para un gran auditorio y visto en la televisión se ve algo ridículo, pero esto es bien sabido y algo muy difícil de hacer bien. Desde mi punto de vista Ana Botella no estuvo brillante pero cumplió su papel con dignidad. No se atascó, el discurso fue bastante fluido y casi hasta simpático.
No encuentro el discurso final ganador, pero aquí hay otro de la representación japonesa. Comienza en 0:20:
Espero que tras ver esta presentación contextualicen mejor y reconsideren el discurso de Ana Botella, tanto en el apartado de inglés, como en el de presentación oral.
¿Por qué te molesta tanto? Ana Botella sólo es una política y todo esto es una broma
Me molesta por varias razones.
Razón 1: Cosificación de los políticos
La primera es lo de siempre: basta de "cosificar" de los políticos. Los políticos son personas, también con sus defectos y a quienes ustedes han votado y tienen la opción de cambiar. Pensar que los políticos "no son de los míos y por tanto van siempre contra mí" (como cuenta Pérez-Reverte) les hace ganar la batalla. ¿Quiéren un político culto, erudito y que hable idiomas? ¡Pues vótelo, que los hay!
Claro que igual viene uno y les dice: "ojo, que ese es un facha y además su madre una guarra" y esas son sus razones para dejan de votarlo.
Razón 2: La mayoría no andamos para andar discursos
La segunda razón: la mayoría de españoles critica a todo lo que se mueve, trivializa las dificultades y exagera los resultados, así, para abrir boca, aunque él no fuera capaz de hacer ese trabajo ni jarto de vino. Conociendo como conozco al personal y habiéndolo visto actuar, me han hecho especial gracia las terribles críticas desde el sector tecnológico/universitario/periodístico que se han hecho a esta tontería de Ana Botella que, francamente, no ha sido para tanto. Claro, como aquí todos sabemos tanto inglés...
A los pocos días de todas estas críticas a su inglés, leo una noticia en prensa (luego verán porque no pongo el link todavía) de que cuatro chavales han ganado un prestigioso premio de talentos de programación en Londres. Todos ellos universitarios y presentándolos como auténticos cerebritos y la creme de la creme. Imagino que redactaron una nota de prensa (repasada, imagino también, por su profesor y los periodistas) y éste fue el pantallazo de su aplicación que enviaron y que apareció junto a la noticia.
Dos frases, dos errores garrafales de primero de inglés. En una aplicación realizada por cuatro universitarios representativos de lo mejorcito y el talento más selecto. Y no oralmente en vivo y en directo ante un auditorio sino en un texto escrito.
¿Ven como los políticos no son tan diferentes a la población general, e incluso a las "élites"? Quizá si nos sintiéramos más identificados con los políticos trabajaríamos más en mejorarnos a nosotros mismos.
No les había pasado el enlace a la noticia porque ustedes no lo van a creer, pero tras varios comentarios dejados por gente en el periódico acerca de ese asunto, el pantallazo se editó unas horas después para corregirlos, como si aquí no hubiera pasado nada. Y así quedó en la noticia final:
También la noticia olvida comentar un pequeño detalle: el "prestigioso premio de talentos de programación internacional" era en realidad la Campus Party. Un evento 100% español famoso por juntar a miles de jóvenes para conocerse, compartir archivos, jugar al ordenador, etcétera. Este año se celebraba en Londres por primera vez. Tampoco pone un enlace final a la información de la web, otros finalistas, demo del producto, etcétera.
La prensa española, como siempre, una maravilla contando la realidad tal y como es y proporcionando la información que interesa de primera mano.
Razón 3: Campañas como éstas afectan al aprendizaje de inglés de los jóvenes
Las campañas de acoso y derribo y ridiculización total cuando alguien comete fallos en un idioma es precisamente la explicación de por qué seguimos hablando tan mal inglés.
A cierta edad, todo esto ya nos da igual, pero no durante la juventud. Como todo español ha podido comprobar, muy pocos chavales hablan espontáneamente en las clases de inglés por miedo a tener fallos, les da vergüenza utilizar el inglés con otros compañeros delante, y se está en general muy pendiente de que a uno no le ridiculicen o se rían de él por no hablar perfectamente. O, paradójicamente, por lo contrario: por hablarlo demasiado bien o tener muy buen acento. La clave para que no te ridiculicen consiste en ser mediocre.
Es curiosa la siguiente campaña (fuente de la fotografía y noticia: Ara.cat).
Porque las escuelas de idiomas y el aprendizaje reglado son buena parte de los culpables de que no sepamos idiomas. La mayoría de los profesores (si no todos) no son nativos. Hay demasiados profesores que no saben defenderse en el idioma en situaciones reales, y demasiados alumnos que salen con un C1 sin saber el idioma. Fíjense si no en lo comentado en el apartado anterior acerca de los universitarios y sus dos frases de la aplicación.
Es una maravilla ver cómo, en otros países, la gente se lanza a hablar sin apenas saber (que es como se aprende), intenta leerse libros en el idioma, considera mucho más importante el saber desenvolverse que los títulos y, en general, se busca la vida para aprenderlos por su cuenta si realmente están interesados.
Y, por supuesto, no ridiculizan sistemáticamente a quien comete errores, sino que le animan a seguir adelante. Especialmente porque, en muchos casos, esos errores no tienen absolutamente ninguna importancia.
En primer lugar quiero dejar claro que la mayoría de peluquerías Marco Aldany son negocios particulares que funcionan como franquicia, así que cada una es un mundo. Es justo decir que a partir de la experiencia concreta de un par de franquicias no se puede hablar de cómo actúan todas las demás. Pero como, al final, las franquicias son la cara visible de la marca, una mala experiencia hace que un cliente no vuelva acercarse a ningún otro Marco Aldany. Es inevitable. Quizá por eso Marco Aldany tiene un aprobado raspado en Ciao.es.
Aquí tienes la lista de precios oficiales para el corte de pelo:
¿Alguna vez has visto estos precios expuestos en los escaparates? ¿O eran otros más baratos y has acabado pagando prácticamente lo mismo que ahí aparece? ¿Te has sentido defraudado o estafado al salir?
Si te has sentido estafado al salir puede que hayas sido víctima de las típicas triquiñuelas que utilizan muchas franquicias. El secreto está en que estos son los precios máximos fijados por al marca, pero cada franquicia es libre de ofrecer sus propias ofertas para atraer clientes (que son las que todos vemos en los escaparates).
Ejemplo clásico, en sus diferentes variantes. Ofrecen un precio de 9,99€ o incluso inferior por corte de pelo anunciado en el escaparate es una OFERTA, donde:
En ningún sitio pone IVA incluído.
En ningún sitio pone que incluya el champú cuando te lavan el pelo.
En ningún sitio pone que incluía la gomina que tan amablemente te ofrecen al final.
En la letra pequeña que no habías visto dice que la oferta sólo es válida determinados días de la semana.
El resultado es que, al final, acabas pagando prácticamente los precios reales, que aunque ajustados, ya no son la ganga anunciada.
Nótese incluso usando como referencia la lista de precios expuesta en las tiendas, sólo están anunciados los precios de los servicios, pero no el de los productos y sigue quedando margen para la picaresca. En el corte de pelo para "ella" NO ESTÁN incluídos el champú y la gomina, con lo cual te acaban cobrando lo que quieren sin advertirte ni preguntarte primero. Otra pregunta curiosa, en ésta época donde se a llegado a extremos absurdos en el tema de la igualdad, en esta cadena existen diferentes precios y servicios para el corte de pelo según el sexo (ÉL vs. ELLA), en vez de por longitud del cabello o complejidad del corte. ¿A un chico de pelo largo le incluyen champú y gomina y a una chica de pelo corto no, o cómo funciona? Curioso.
Hasta aquí, casos que rayan la estafa pero no pueden demostrarse ilegales, salvo que uno insista en buscar dónde están regulados los precios de los productos, cantidades, etcétera.
Pero, ¿qué les parece este otro caso, denunciado de primera mano?
Servicios utilizados (LISTA DE PRECIOS 2013 - IVA incluído):
"C2 - Corte de pelo [ÉL] - Champú y gomina incluída" - 12,95€
"C8 - Corte de flequillo" - 3,00€
Precio cobrado, mientras se intenta distraer al cliente con buen humor y charla vacía: 17,95€ Por supuesto, no se da ticket.
Al salir de la tienda: cortocircuito. Algo no cuadra. Volvamos.
- Hola, tenemos una duda con el precio. ¿Podéis explicarnos por qué nos habéis cobrado 2 euros de más? Mira lo que pone en la lista de precios.
- No mira, majo, esos precios son en oferta, de lunes a miércoles.
- No. Ése no es el precio en oferta. El precio en oferta es 9,99€. Lo tenéis en el escaparate y regulado en la parte de abajo de la lista de precios. Y ya sé perfectamente que hoy no es válido, y por eso hay que pagar los 12,95€ del precio normal, más los 3,00€ del flequillo.
- Ah, sí, no... es por el champú y la gomina.
- No, perdona. El champú y la gomina están incluídos, igual que el IVA, según pone en el cartel, en el servicio C2 de corte de pelo para caballero. 12,95 + 3,00 son 15,95 y no 17,95. Sólo quiero saber si ha habido algún error o a qué se debe la diferencia.
- Ah sí... no... pero es que esos precios... esos precios no se pueden ver desde la calle (sic).
- Bueno, pues no pasa nada. Entonces simplemente es que no son correctos y estáis cobrando algo diferente a lo anunciado. ¿Podrías darme por favor la hoja de reclamaciones? Entiéndeme, que el servicio ha sido buenísimo y nos habéis tratado muy bien, no es nada personal. Simplemente es que esto es irregular, y quiero que conste para que se corrija.
A partir de aquí, prefiero no recordar el mal trago, pero todo fue mal trato y negativas, con la típica actitud chulesca de empresaurio (empresauria en este caso): "no sé qué es una hoja de reclamaciones", luego un "no te la voy a dar", luego un "no sé rellenarla", llamada a la jefa suprema e intento de devolver el dinero y aquí no ha pasado nada, negativa a firmar la hoja de reclamaciones ante la insistencia de ponerla, hasta el extremo de tener que llamar a la policía para que cumplieran con su obligación.
¿Qué está pasando en algunas franquicias Marco Aldany? ¿Por qué ese mal trato a los clientes? ¿Por qué ese cobrar arbitrario? ¿A dónde va el dinero? ¿Quién se lo queda? ¿Por qué lo que eran sonrisas y buen trato se vuelven impedimentos y mal trato a la hora de poner una reclamación justa y clarísima?
Lo peor de todo es que ni siquiera llegaron a entender mi reclamación. No se sabían los precios de la lista de memoria y sus alegaciones a la reclamación fueron "el cliente no está de acuerdo con el precio del servicio".
Sólo ellos saben lo que están haciendo, pero desde luego no pinta nada bien. Y seguro que luego se les llena la boca con Bárcenas y los políticos, y cómo estafan a los demás.
Un apunte más y que todos los consumidores deben conocer. Aunque varía según la comunidad autónoma, en general:
Los establecimientos están obligados a exponer un cartel visible que ponga "existen hojas de reclamaciones a disposición del consumidor".
Los establecimientos están obligados a proporcionarte, rellenar correctamente toda su parte, firmarte y darte las copias adecuadas (normalmente una para ti y otra para llevar a consumo), estén o no de acuerdo.
En caso de duda o si el establecimiento se pone chulo o cabezón, llama a la policía local (092) para que acuda a ayudar a rellenar las hojas, como cuando ocurre un accidente de tráfico. Van a darte la razón, te ayudarán a rellenarla y no hay por qué avergonzarse. Es su trabajo y están acostumbrados a este tipo de disputas.
Cuidado con los dueños del establecimiento: una táctica habitual es hacerse los ofendidos y convertirlo todo en un ataque personal. No dejes que la manipulación psicológica de los comerciantes, sus gritos o su mal trato, sirva de excusa para marcharte estafado y sin reclamar. Es lo que quieren. Tú insiste hasta que las cosas se hagan como se tienen que hacer. El comerciante debería ayudarte y si pone pegas a una reclamación es porque tiene algo que ocultar. Y, sobre todo, nunca te pongas a su nivel. Con calma y una sonrisa siempre.
Se nos llena la boca con la transparencia, pero en muchas ocasiones ni los comerciantes la cumplen, ni nosotros la exigimos.
El "pueblo vasco" (el definido por el nacionalismo) es un "pueblo" al que le gusta el sufrimiento y el dolor como ritual. Incluso cuando no hay razón para ello, es necesario inventarlo, sufrirlo, vivirlo. Sin sufrimiento y pesadumbre no hay nacionalismo vasco. Suframos un poco, y luego al bar a comentarlo.
El "pueblo vasco" es cobarde hasta la médula. Ni el pueblo se arma de verdad para luchar contra la policía defendiendo a Urtza, ni tampoco ella se entrega sin pestañear asumiendo sus responsabilidades. No. El besito de despedida y la lagrimita antes de la detención y el numerito del puño en alto, delante de todo el pueblo. Y resto del pueblo, luego al bar a comentarlo. La versión nacionalista vasca del darle al botón "me gusta" en Facebook, sólo que aquí luego se sale en la tele y en las fotos (que, a su vez, luego también van a Facebook). Aquí la valiente y coherente entrevista de la heroína.
La profesionalidad y paciencia de la policía es digna de elogio. La mayoría de nosotros no podríamos ser policías. La reacción natural e instintiva de unas pocas personas ante una muchedumbre hostil no es precisamente la que han grabado las cámaras. Cuando podrían haber resuelto el problema, incluso de forma legal, en 5 minutos, han tenido la paciencia de desalojar la zona uno a uno y sin apenas dañar ni sancionar a nadie, además de avisar previamente y tener dispositivos de salvamento en el río. Dedicando horas a la tarea, un esfuerzo físico enorme y un gran desgaste psicológico, amén de los impuestos de todos los ciudadanos, por supuesto. A todos los que se quejan de la violencia policial, falta de democracia y demás asuntos en España, me gustaría que repitieran ese experimento en los países que consideran "democráticos" y "garantes de los derechos humanos". También me gustaría ver cómo se tomarían otros gobiernos las acusaciones sistemáticas a la ligera acerca de la tortura policial. Es curioso ver cómo Urtza lo comenta en la entrevista entre sonrisas: "me detuvieron, me torturaron...". Si la tortura ha existido debe ser denunciada y lucharse fuertemente contra ella. Comentarlo entre sonrisas y vanalizarlo banalizarlo no ayuda a la credibilidad ni la lucha contra ella, sino a todo lo contrario.
Recientemente un académico centroeuropeo me preguntó cómo funciona el sistema universitario en España a la hora de puntuar las tesis doctorales. Me explicó que, en su país, sólo el 10% de las tesis doctorales (las excepcionales) obtiene la nota más alta, pero que en alguna evaluación de tesis en España le habían contado que aquí no ocurre lo mismo. De hecho, se le dieron instrucciones de que si no otorgaba "cum laude" (con el que no estaba de acuerdo según sus estándares), estaba condenando al doctorando. No tener "cum laude" en la tesis es estar marcado de por vida en el sistema universitario español con el típico y amado "algo habrá hecho" que tanto nos gusta.
Todos los del gremio lo sabemos, pero la máxima graduación "cum laude" en España es un auténtico fraude y cubre el rango desde "aprobado raspado totalmente inmerecido" hasta "la mejor tesis del año". Desde alguien que no ha salido de su despacho ni publicado nada relevante y ha presentado la tesis en su lengua materna, aunque sólo la hablen en su pueblo y alrededores, hasta el que ha colaborado en investigaciones internacionales, ha publicado, y se ha esforzado en hacerla en el lenguaje estándar de la ciencia. Ibarretxe y Camps, entre otros muchos, se encuentran entre los superdotados que han logrado sacarse una tesis doctoral con la máxima calificación con múltiples trabajos a tiempo completo y responsabilidades varias. Unos fieras.
En esta noticia se puede ver cómo el 96% de las tesis defendidas en la Universidad de Granada obtuvieron "cum laude", y no es la excepción sino la regla en España. La medida que ahí se dice se iba a implementar (limitar a un 20% los "cum laude" a partir de 2010) se esfumó en el aire y, además, es igualmente injusta. Nuevamente, a echar responsabilidades fuera: "es que sólo se pueden poner un 20% de cum laude - lo siento, se nos ha agotado el cupo". Así el tribunal ya tiene donde escudarse y, una vez más, puede no mojarse y seguir dando el "cum laude" a quien quiera.
Lo triste del asunto de este "todo da igual" es que, como siempre, tendemos hacia la mediocridad, en ese estúpido concepto de "igualdad por abajo". Y a pesar de eso seguimos creyéndonos los mejores. Las prueban tangible están ahí: soy doctor "cum laude" de acuerdo con el sistema universitario. Si desacreditas mi nota, desacreditas al sistema completo, así que mejor quédate calladito.
Pero la realidad es que tener una tesis doctoral "cum laude" en España no significa lo mismo que en otros países. La nota y evaluación final de la tesis no sirve como criterio para medir nada, por lo que ha de recurrirse a la re-evaluación individual de cada uno o a otros criterios. Un doctoro puede ser realmente "cum laude" o también "cum fraude". Nunca se sabrá.
Pero el triste resultado (96% de tesis doctorales "cum laude") es que el sistema universitario español, como institución "honesta y de calidad" queda totalmente desacreditado en Europa. Y con toda la razón del mundo.