16 September 2010

La vuelta al cole


Hace tiempo comentaba en "ánimos caldeados" que cada gestión en este país es un infierno, por mínima que sea. En "Equilibrio y progreso" se comentaba que cómo reaccionar a lo que nos curre o cómo organizarnos "es nuestra elección".

Esto es cierto, pero no lo es menos que hay una serie de trámites ineludibles que tenemos que hacer, y que son responsabilidad de otras personas. Así como servicios por los que pagamos religiosamente en los que, sin ser demasiado puntillosos e intentando ser comprensivos, es conveniente exigir un mínimo de seriedad.

Saber mantener la calma en estos casos es esencial para la salud, pero la pasividad, la excesiva calma o, en general, ignorar la realidad nos lleva a dos cuestiones. La primera, a que se aprovechen de nosotros: un "pequeño error" o incompetencia por parte de alguien puede suponerle dinero. La segunda, a privarnos de oportunidades: una carta envíada por procedimiento administrativo en Correos que llega tarde y no ha sido sellada puede suponer nuestra desalificación en un concurso de contratación, por ejemplo.

Pero, aparte de esos dos pequeños inconvenientes, que pueden llegar a ser superables, hay uno tercero que me parece gravísimo y se trata del tiempo.

Si hay algo que no se puede recuperar en la vida es el tiempo. No se puede comprar. No se puede volver atrás para hacer otra cosa. Y dedicar tiempo a cosas que uno no quiere (ni tiene porqué hacer) resulta realmente frustrante.

Llevo pocas semanas desde la vuelta al cole y necesito que conste por escrito para poder creer a qué he dedicado mi tiempo recientemente:

  • Cartero: Muchas veces me llegan paquetes a casa vía Correos. La penúltima vez que me llegó uno, me encontraba en casa (yo fui quien abrió la puerta al cartero). Cuando bajé, encontré un aviso para que recogiera un paquete por estar "ausente del domicilio", con lo cual tuve que acudir a la oficina a buscarlo. La última vez me ocurrió todo lo contrario: entré al portal y me encontré dos enormes paquetes dejados encima de los buzones al alcance de cualquiera, que tuve que subir yo mismo.
  • Banco: Una campaña prometía una devolución de un 3% en unas gestiones. Cuando llega la devolución, es errónea: han calculado un 2%. Llamada (a mi cargo) que tuve que colgar por la larga espera. Correo electrónico con la explicación detallada. Efectivamente se habían "equivocado" (¿sólo conmigo o con todos los clientes?).
  • Conexión a Internet: Mi conexión está limitada a un máximo de descargas al mes, tras lo cual se reduce la velocidad hasta hacerla casi inútil. Este mes llevo el 10% de lo permitido según la facturación online, y ya tengo la velocidad reducida. Tras una llamada de casi 30 minutos y miles de comprobaciones absurdas, no saben informarme de cuál el problema, pero acabo por descubrirlo yo: en la factura online te muestran el periodo correspondiente al mes natural (del 1 al 31), lo cual incita a gastar toda la cuota de descarga sobrante los últimos días del mes (del 20 al 30). Ahora bien, en realidad facturan (y contabilizan las descargas) de día 20 a día 19 del mes siguiente, cuando se resetea el límite. Hasta el día 19 sin Internet.
  • Correo electrónico: El correo electrónico de mi institución, al que llegan todas las comunicaciones oficiales (fundamentales en estas fechas) ha dejado de funcionar sin previo aviso. No se reciben correos y tampoco se informa al remitente de ningún error. Correo más llamada de teléfono para solucionar el problema, que tengo que explicar varias veces. Al poco tiempo se soluciona. Semanas después me llaman para decirme si ya "había configurado bien mi correo".
  • Seguro del coche: Hace un tiempo leí que muchas compañías de seguros subían ligeramente el seguro del coche aunque no hubieras dado partes durante el período anterior (cuando deberían bajarlo), por "si colaba". Efectivamente, soy uno de los afectados. Llamada de teléfono: efectivamente, había una subida. No supieron explicarme a qué se correspondía y no "pueden hacer nada" hasta la próxima renovación. Que vuelva a llamarles un poco antes de vencer el contrarto para ver "qué se puede hacer".
  • Cotización Seguridad Social: Consultando mi historial, descubro nada menos que un hueco de un mes sin cotizar por mi institución. Llevo aproximadamente unos 8 correos electrónicos (todos ignorados) y 1 llamada de teléfono. Me informan de que, de ser cierto, ha debido ocurrir con todos los trabajadores. Lo comunicará y revisará en breve. Del último contacto hace más de tres meses.
  • Solicitud administración: Necesito hacer una solicitud a una institución que se encuentra fuera de mi ciudad. Dos correos electrónicos acerca de cómo solicitarla son ignorados. Envío un fax y solicito la confirmación de su recepción y soy nuevamente ignorado. Supongo que toca la llamada (ya van cuatro contactos para una sola gestión).
  • Secretaría: Necesito hacer unas gestiones en un lugar y, oh sorpresa, la secretaria se ha cogido vacaciones el único periodo del año que hay trabajo (septiembre, debido a solicitudes, renovaciones, etc...). Por tanto, tendremos que hacerlas nosotros mismos. Desde comprar sobres, realizar llamadas de teléfono, hasta enviar faxes y echar las cartas.
Y me dejo otras muchas en el tintero. Pero éste es un breve ejemplo

Una cosa es ser un quejica. Otra cosa es que cada trámite sea un infierno y haya que estar encima constantemente o hacerlo tú mismo si quieres que tenga éxito.

¿Cómo va a prosperar un país así?

Desde aquí un cordial agradecimiento a todas las personas eficientes y trabajadoras que nos hacen la vida más fácil. He conocido pocas, pero las hay.

Desafortunadamente varias de ellas ya han dejado sus puestos. Supongo que se cansaban de hacer el trabajo de todos los demás.

Saludos.

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