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04 June 2012

Apretarse el cinturón. ¿Y los empresarios?


Época de apretarse el cinturón. Recorte de prestaciones. Recorte de salarios a trabajadores del sector público, incluidos contratos temporales y salarios bajísimos. Correcto.

Me topo con esta noticia de 2009: "El 75% de los empresarios españoles pagan a Hacienda como mileuristas".

Algunos datos:

Solo el 3% de los contribuyentes declaran en el IRPF ganar más de 60.000 euros.
Con los datos del 2007, los empresarios declaran ganar de media 13.525 euros, frente a los 18.400 que recogen la declaración de la renta de los asalariados.
A través de las sociedades de inversión de capital variable (sicav) en las que las grandes fortunas colocan sus activos, los mayores patrimonios del país reducen al 1% su tributación.

Receta y valoración de los técnicos:
Según los colectivos de Inspectores de Hacienda y de Técnicos del Ministerio, atacar con eficacia el fraude sería la mejor receta para sanear las cuentas públicas.


¿Qué recetas se están aplicando, en cambio, para sanear las cuentas públicas? Pues eso.

Saludos.

29 March 2012

¿De quién es "la culpa"?


Hoy es día de huelga general. Todavía sorprendido porque nadie se movilizara siquiera mínimamente ante la agresión (histórica) de la bajada de sueldos a los trabajadores del sector público decidida y aplicada de la noche a la mañana, que aquellos trabajando en el sector privado que casi parecían acogerlo con gusto, hoy me surgen algunas preguntas.

La primera es cuál es la causa concreta de la movilización. Como viene ocurriendo tradicionalmente en nuestro país, aquí el caso es protestar cuanto más en abstracto mejor. O, comenzar protestando por algo (la reforma laboral) y acabar mezclando otras cosas (recortes en servicios básicos, desacuerdo con el gobierno, etc...). Cuando no se sabe de qué se está hablando, las protestas no son efectivas. No se puede medir si el objetivo se ha cumplido o no.

Las huelgas deben ser (o así eran) un instrumento de presión concreto, o incluso chantaje si se quiere, no un manifiesto público de nuestro estado de ánimo. No hace falta convocar una huelga para demostrar que estamos hasta las narices.  Ya lo recogen las encuestas. Es más, la gente ya se organizó espontáneamente el año pasado para manifestar su hartazgo.

Las reivindicaciones, además, suelen hacerse con una frase afirmativa: "quiero esto", "exigimos esto" (el sufragio universal, el derecho sindical...). ¿Qué es lo que se reivindica hoy? No lo tengo claro. Y hemos convertido la protesta no efectiva en algo tan trivial y habitual que cada vez pierde más fuerza.

En principio supongamos que la protesta es "no a la reforma laboral", y que él éxito o no de la huelga se podrá medir viendo qué pasa con la reforma laboral: si se queda como está, si se retoca, o si se retira. Veremos.

Pero surgen entonces, algunas preguntas más. La primera es cuánta gente se ha leído la reforma laboral completa. O, al menos, un resumen de ella, puesto que la que hay publicada en el BOE es confusa e infumable, para variar.

Se verá que hay medidas dudosas, efectivamente, pero también pero hay otras interesantes, como la posibilidad de capitalizar el 100% del paro para crear una empresa, las deducciones fiscales para PYMES, para contratar a jóvenes, o las bonificaciones por formación y contrato a mujeres, la regulación del teletrabajo, fomentándolo, la prohibición de encadenar contratos temporales, o el derecho a la formación retribuida y con permisos.

¿Qué es a lo que decimos "no"? Hay cosas dudosas y cosas positivas. Decir "no a la reforma laboral", en general, es también decir no a la prohibición de encadenar contratos temporales, o no al derecho a formación retribuida y con permisos, o a la regulación del teletrabajo.

Y aquí surge otra pregunta más. ¿Quién es "el malo"? Me da la sensación de que en estos tiempos se está fomentando la "satanización del gobierno".

Pero, ¿qué hay de los empresarios? Salvo en casos excepcionales, o cuando se lleva a los tribunales, la legislación actual se puede trampear y se trampea sistemáticamente. Es una cortina de humo. ¿Para qué sirve un convenio colectivo, con sus categorías salariales, por ejemplo, en los tiempos que corren hoy día? Todos sabemos que el empresario está dispuesto a pagar un salario X y eso es lo que hay. Luego adapta su realidad al convenio (muchas veces incluso la empresa está acogida a un convenio fuera de su actividad), buscando la categoría profesional que corresponda al sueldo que el paga, o incluso contratando a tiempo parcial pero el trabajador trabajando sus 8 horas.

Muchos empresarios lloran sistemáticamente de que van con el agua al cuello y así justifican lo que justifican (como salarios ridículos), mientras se compran segundas residencias, coches de alta gama, y llevan una vida de lujos. Casi sistemáticamente, todos trampean fiscalmente, con los resquicios que todos conocemos.

Ante este panorama, el trabajador trampea, pierde el tiempo, y sólo piensa en las vacaciones. Cree que todos sus esfuerzos van a parar "a su jefe" al final.

Pero es que el empresario piensa lo contrario. Que el entorno no es propicio para crear empleo. Que hay trámites burocráticos infinitos y complejos, fiscalidad demasiado alta. Que tiene que pagar, además del salario del trabajador, un 30% extra por él a la Seguridad Social, cuando luego el trabajador tampoco es que sea precisamente un trabajador modelo.

Ante este panorama, el empresario también trampea. Cree que todos los riesgos que corre y todo el esfuerzo que no se ve va a parar al final a los trabajadores.

Y el que intenta emprender un nuevo negocio tiene estos dos problemas, más otro añadido: que aquí la competencia no es realmente libre. Muchos sectores tienen sus precios y sus servicios más o menos pactados, o chanchulleados, y salirte de ellos o intentar buscarte la vida por tu cuenta o plantear modelos alternativos es buscarte la ruina.

Me contaron la anécdota del caso de un bar que aquí, en una zona famosa por sus pinchos y donde se pagan a precio de oro, decidió importar la costumbre de otras regiones y regalar una tapita al pedir una bebida, para atraer clientela e impulsar su nuevo local. ¿La respuesta de la competencia? En vez de bajar los precios, o imitarle, o buscar alguna otra fórmula para ganarse clientes, fue acercarse al local a preguntarle que quién se creía que era y que qué estaba haciendo exactamente. Que o dejaba de regalar tapitas con las bebidas, o se iba a enterar de lo que era bueno.

Otro de los problemas estructurales, de los que poco se habla, es que dependemos demasiado del Estado. No hay empresa en la que haya trabajado (y han sido unas cuantas) en la que los proyectos "gordos" (los que las hacían sobrevivir) no dependieran de dinero público, conseguido generalmente a través de contactos. Y se han visto verdaderas barbaridades y derroches.

Se acabó el grifo de dinero público, empiezan a temblar las empresas. Ése es el principal problema de nuestro país.

Veremos cómo termina esto.

17 January 2012

¿Crisis en investigación?... barriendo para casa (2)


¿Recuerdan aquél post mío acerca de la donostiarra Cristina Garmendia y todo el dinero del Ministerio de Ciencia e Innovación que (curiosamente) se había invertido en su entorno más próximo (tanto social como geográfico) y en cosas dudosamente relacionadas con la ciencia y su carácter público?

Hoy, vía el blog de García Amado, me llega la siguiente noticia: Garmendia pagó 359.000 euros a la empresa familiar de su secretario general. El ex-secretario general, Juan Tomás Hernani, tampoco se queda corto. Ya prometía.

¿Crisis en investigación? Seguramente. ¿Por qué? Busquen ustedes las causas. 360.000 euros y 600.000 euros respectivamente, unido a unos cuantos millones entregados a manos privadas de dudoso carácter científico da para unos cuántos proyectos y becas.

¿Saben cuánto cobra un becario FPI/FPU? Búsquenlo si se atreven y dividan dinero malversado por su salario. Les saldrá cuántos científicos podríamos haber formado (o qué sueldos podríamos haberles puesto a los ya existentes).

¿Saben que, incluso con ese salario ridículo, un becario tiene que adelantar el dinero de su bolsillo cuando tiene que hacer un viaje para ir a presentar su trabajo a una conferencia?

Algunos todavía se extrañan de que la gente no se dedique a investigar. No se me ocurre por qué...


04 April 2009

Non ti preocupare. Del fanatismo tecnológico y la publicidad.


Parece que las personas tenemos la curiosa necesidad de sentirnos arropados por los demás. Nos gusta que nos quieran, que nos tengan en cuenta; en definitiva, que se preocupen por nosotros. También tenemos la necesidad de formar parte de algún colectivo o simplemente de sentirnos integrados, como vulgarmente se dice ahora. Todas ellas están relacionadas, generalmente, con factores íntimos como la autoestima, la tolerancia a la soledad, etc.

Las empresas y negocios, en general, tienen otras necesidades diferentes: la de pagar sus nóminas, dietas y gastos mes a mes y la de obtener beneficios para reinvertirlos o repartirlos. El lema máximo de cualquier empresario es "nosotros no somos una ONG". La empresa lucha por mantener a los suyos y no por beneficio social. Aparentes avances sociales en las empresas suelen provenir de jugosas subvenciones estatales o privadas.

Una vez pregunté a un alto cargo de una empresa si su actividad actual no estaba en contradicción con las bases fundacionales y con la imagen que vendía la empresa. Sin dudarlo un solo segundo, me dijo: "Mira, aquí vamos donde está el dinero y hacemos caso a quien nos paga. Todo lo demás es secundario".

¿Qué tiene que ver las necesidades humanas de una persona con la actividad empresarial?. Mucho. Hace tiempo que, sumidos en la crisis actual -no en la económica, sino en la social, espiritual, de valores o como queramos llamarla- es muy fácil para las empresas vender cosas que cubran esas necesidades.

¿Qué es si no el actual fanatismo tecnológico, por ejemplo?. Una vorágine que se nutre, en buena medida, de las necesidades humanas más básicas. Y las empresas lo saben. Móviles, cámaras de fotos, ordenadores portátiles, navegadores GPS, reproductores MP3 y cualquier otro cachivache -ahora llamado gadget- han pasado de ser herramientas que cumplen una función, a ser objetos de culto. Para cada marca, artículo, etc... encontramos infinidad de conversaciones, análisis exhaustivos, comparativas y hasta prácticamente ensayos que incluso los relacionan con formas de ser o formas de entender el mundo. Por supuesto, muchos de ellos acaban creando auténticos colectivos que incluso organizan reuniones para gozar mutuamente de sus adquisiciones. ¿Será ese el único punto en común de ciertas personas?. ¿Tan bajo hemos caido las personas que necesitamos la intermediación de productos y empresas simplemente para mantener relaciones sociales?. Por no hablar ya de las redes sociales que se lucran directamente con ello. He aquí una reflexión interesante acerca de Facebook (en inglés).

¿Cómo hemos llegado a esto?. No encuentro explicación alguna salvo a la propia publicidad. Se ha permitido que los anuncios nos vendan exclusividad, cariño y hasta felicidad. Toda esta publicidad no explota otra cosa que las debilidades humanas de las que se hablaba al principio. El truco fundamental consiste en hacer creer que la empresa realmente está trabajando para ti. Que se está preocupando por ti, que escucha tus sugerencias y mejora por ti.

La mayoría de nosotros sabemos que esto no es así.

Sabemos que las vacas lecheras de los anuncios no pastan en verdes prados alpinos sino que se hacinan en naves industriales y se alimentan de piensos compuestos de soja transgénica y restos de bollería industrial. Sí, restos de bollería industrial significa que buena parte del ganado -y no sólo el bovino- se alimenta a base de bollycaos caducados. De pequeño recuerdo como un compañero del colegio traía decenas de cromos de los bollycaos que recogía de una granja cercana a su casa y que servían de alimento a las vacas. Obviamente la empresa se preocupa de sí misma -rentabilidad- y en ningún caso del consumidor.

Sabemos que los anuncios de los catálogos de las empresas tecnológicas (gente guapa, atractiva, de varias razas y sonriente -con gafas y maletín- manteniendo una reunión en una lujosa sala, siempre a tu servicio) son una fotografía comprada y no responden a la gente que trabaja ahí. Sabemos que esas mismas empresas te dejan en la estacada en cuanto han conseguido tu dinero. Nadie quiere encargarse del mantenimiento. Una vez conseguido nuestro dinero, hemos dejado de ser especiales.

Sabemos que las grandes multinacionales colocan un amplio abanico de productos prácticamente iguales pero con diferentes marcas y envoltorios, de manera que simulan nuestra libertad de elección y la existencia de múltiples proveedores. Marcas adaptadas a nuestras necesidades. Cubriendo todo el abanico, una multinacional se asegura el beneficio en todo caso.

Tengámoslo claro. No somos especiales para las empresas. O, si lo somos, será en la medida en el gasto que les hagamos, porque dependen de nosotros para su supervivencia.

La felicidad y el bienestar no se compran. Jamás de los jamases llegaremos a ser medianamente felices si seguimos aislándonos y utilizando a empresas y productos como intermediarios o como excusa para las relaciones sociales. ¿De verdad no queda nada más entre las personas?.

Querámonos más, juntémonos más para practicar nuestras actividades favoritas, leamos de las bibliotecas, viajemos, fabriquemos cerveza. Y hablemos. Hablemos de lo divino y de lo humano, de los amigos, de la naturaleza, de arte, de ciencia, del universo y de la muerte. Todo esto es gratis o casi gratis.

En tiempos de crisis, espiritual y económica, no parecen malas medidas a tomar.

05 December 2008

Y ahora, ¿qué?


Es la gran pregunta. En el artículo anterior leíamos cómo Pérez-Reverte profetizó hace diez años de qué iba el cotarro y cómo acabaría la cosa. Pero no era el único; la gente medianamente inteligente se lo temía, aunque no quería reconocerlo por miedo o porque lo llamaran pesimista, agorero, etc.

Y mucho me temo que así se seguirá siendo siempre. Son cosas que pasan. La economía es cíclica, blablabla.

¿Qué pasará ahora?. La mayoría de nosotros no lo sabemos, pero pasará. Ellos nunca pierden, nunca lo han hecho a lo largo de la historia. Y no son tontos.

Posibles medidas en marcha para superar la crisis:

  • Sacar nuevas leyes que obliguen a un férreo control económico hacia el Estado y las empresas para que esto no vuelva a ocurrir. Detallar las competencias, requisitos y la estructura de dichos organismos de control. Necesidad de una burocracia y medios ingentes que el Estado no podrá asumir y necesitará subcontratar. Meses antes de que la ley entre en vigor existirán ya varias empresas gestoras constituidas encajando a la perfección con el perfil, generando miles de puestos de trabajo mecánicos y de baja responsabilidad que permitirán reducir los niveles de paro.
  • Convencer al personal de que el modelo anterior estaba equivocado. De que la concentracion en las ciudades, el estrés, el consumismo, no tienen sentido y hay que volver a la vida rural. De que los pueblos abandonados y expropiados en realidad eran la solución, pero esto tiene vuelta atrás. Cursos del INEM de "cómo superar el consumismo y volver a encontrarnos" o "¿cómo pude pagar 30 kilos por un cuarto sin ascensor en un barrio cutre?" impartidos en academias privadas subvencionadas. Estos cursos darán puntos para optar a las "ayudas para el retorno al medio rural", pudiendo disfrutar de una casa con un pequeño terreno en un secarral abandonado que antes nadie quería pero ahora cuesta lo que costaba el cuchitril de 40 metros en la ciudad.
  • Lo anterior puede estar ayudado por ex-empresas constructoras que pasarán a ser empresas "vertebradoras de la transformación verticohorizontal del territorio", demoliendo las viviendas excedentes para reconvertirlas en materiales de construcción reciclados de alto coste pero obligado uso en las nuevas viviendas rurales según el nuevo CTEP (Código Técnico de Edificación Postcapitalistaliberal).
  • La campaña "¿cómo pudo usar su coche durante tantos años, maldito egoista?" será la nueva de la DGT. Habrá subvenciones para la "ferrocarrilización paulatina del parque móvil español", donde darán vales-viaje por cada litro de gasolina adquirido en Carrefour -doble puntuación si es gasoil- para tener derecho preferente a no utilizar el coche en el futuro. En ese futuro cercano la empresa del automóvil se habrá reconvertido en empresa ferroviaria, volviendo a fabricar máquinas y vagones de tren con wifi y bluetooth con acceso directo a todo el repertorio de El Fary.
  • Ante el problema de exceso de carreteras y el problema de vallado del territorio, que impide la libre reproducción del lince ibérico -la impidió desde hace 40 años pero es ahora cuando hay que poner medidas-, no habrá otra opción que desmantelarlas para reconvertirlas en vías férreas, de las cuales se encargarán las ex-empresas que las construían.
  • Para poder circular por las pocas carreteras que queden será obligatorio, por ley, utilizar vehículos de "bajo índice de impacto de rodadura", con ruedas de un caucho especial hecho a partir de la mezcla a partes iguales de brea de autopista de peaje desmantelada de al menos 10 años de maceración + ladrillo molido con denominación de origen de Marbella. Cualquier otra fórmula deberá ser valorada por los organismos de gestión económica de nueva creación.
Por supuesto, todo eso será por nuestro bien y por el del planeta. Y será ahora.

Siempre ha sido cuestión de imaginación. Nos vemos en 10 años :)

04 December 2008

Los Amos del Mundo (Arturo Pérez-Reverte)


LOS AMOS DEL MUNDO
Arturo Pérez-Reverte


(Publicado en 'El Semanal' el 15 de noviembre de 1998).


Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra
pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.

Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones
que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

28 November 2008

La crisis y el humor


Dos vídeos interesantes

A estas alturas todo el mundo los conoce, pero nunca viene mal volver a ver dos vídeos interesantes y en tono humorístico de lo que es la crisis. Probablemente algo simplificados en explicaciones, pero divertidos en ambos casos.

La teoría Ninja de Leopoldo Abadía:



The Last Laugh - Crisis subprime:



La desgraciada conclusión rápida es la que casi todos sabíamos pero no queríamos reconocer, quizá en nuestro propio beneficio: ¿Cómo se enriquece el ser humano de la manera más rápida y fácil?. Aportando un supuesto valor ficticio que no existe. Poniendo nombres rimbombantes a lo que por dentro es basura y vendiéndolo como la nueva maravilla, previamente maquillado y empaquetado en un precioso embalaje. Confundiendo al personal para que todo se mantenga como está mientras los cuatro de siempre sacan tajada.

La historia de siempre: engañar y aprovecharse de la pobre gente. De los inexpertos, de los jóvenes, de los ignorantes, de los indecisos, de los que se dejan llevar, de los que confían en los demás por principio...

¿Así que sólo se trataba de eso?. Menuda novedad.

Si los "expertos" no lo sabían, es lícito dudar de su "experiencia", de la economía como ciencia y demás pamplinas. Ahora y siempre.

Si lo sabían, es todavía peor.

Esperemos que, vídeos graciosos aparte, al menos nos sirva para aprender. A todos.

20 October 2008

El señor Ángel


El señor Ángel, un hombre trabajador -como se definía a casi todos los de su generación-, supera con creces los ochenta años. Últimamente se pregunta a menudo qué es eso de "la crisis" de la que tanto hablan. Quiere saber por qué no paran de hablar de ella todos los días en el parte -eso a lo que ahora llamaban telediario-.

No entiende qué es lo que pasa. No le han bajado la pensión, el autobús ha subido este año lo mismo de siempre y en el supermercado ha visto subidas mucho más escandalosas que la última. Incluso esta mañana ha visto sorprendido cuando se ha acercado a la gasolinera a comprar el periódico cómo la gasolina había bajado casi veinte céntimos el litro, volviendo a precios de hace un par de años. Aunque eso a él no le importa mucho porque no tiene dónde echar la gasolina. Él se cree en plenas facultades, pero la sociedad no opina lo mismo. Le han dicho que es demasiado viejo para conducir. Sin embargo, y aunque le duele el desembolso, no quiere resistirse a comprar el periódico todos los domingos.

Cuando volvía de la gasolinera se ha encontrado a unos vecinos. Le han contado que sus hijos se habían ido a cenar a un restaurante para celebrar que se van a ir de viaje al caribe. Lo necesitaban, estaban muy estresados y querían olvidarse de la crisis por unos días. El crío les lleva locos y encima la críada que les echa una mano no lo hace como debería. Le han enseñado cien veces que las patatas fritas les gustan cortadas en dados, no en estilo french fries. El señor Ángel saluda cordialmente sin haberse enterado muy bien de la historia y sube directo a casa.

Sus nietos acaban de llegar. Vienen de comprarse una consola muy rara. O al menos, así llaman ahora a la máquina de videojuegos. Le han dicho que tiene unos mandos que no llevan cable y no hacen más que agitarlos mientras se mueven unos muñecos en la tele. ¿Cómo diablos funcionará eso?. Les ha costado un buen rato enchufarla porque decían que no tenían euronosequé libres en el plasma. Al parecer sus nietos eran los únicos del barrio que no tenían todavía el susodicho juguete. Tampoco les gustaba demasiado en un principio, pero sus amigos no hacían más que hablar de ella, así que tenía que estar bien. Se han puesto a jugar un rato.

Al poco tiempo su nieta, ya aburrida, le enseña un neceser lleno de productos que acaba de comprar para ponerse guapa, aunque para él siempre lo ha sido, y mucho. Al parecer tenía que aprovechar la oportunidad. No tenía más remedio que ir hoy sin falta porque,si no perdía no sé que vale de descuento que caducaba. En el neceser hay una crema hidratante para darse antes de la ducha, otra para durante y otra para después. Era parte del "three-step shower revitalization program". En la etiqueta aseguraba dejar la piel un 32% más hidratada. Ni más, ni menos. No lograba entenderlo, pero su hija y sus nietas le aseguraban una y otra vez que era necesario. Que la ducha lejos de hidratar, resecaba. No estaba convencido, pero si todo el mundo lo decía sería por algo.

Al rato, comienza la hora de la cena en familia. Hoy toca hablar sobre los vecinos, para variar. Al parecer a Manolo, el que se marchó del barrio hace unos años porque se compró un chalet al poco de abrir la inmobiliaria donde colocó a su sobrino, no le iba tan bien. O eso decían. Porque su Mercedes seguía aparcado en doble fila delante del restaurante donde come a diario, aunque al parecer -según se cotilleaba en el barrio- ya no pide el menú especial. No están los tiempos para historias.

También hablaron de la señora Paquita. Parecía algo resentida. Hace unos años compró varios pisos viejos que ha estado reformando. Su sobrino conocía a unos rumanos que trabajaban muy bien, sábados y domingos incluidos. Parece que ahora Paquita tenía dificultades para venderlos. "¿Qué le pasa a la gente?" - le preguntaba a menudo al señor Ángel cuando se encontraban dando algún paseo. "Un segundo piso con las escaleras bien arregladas, en un barrio estupendo y con suelo de parquet. Y tiene dos habitaciones." - describía con precisión. "¿Qué más quieren?. Si casi lo estoy regalando. Desde luego, para los diez millones que saqué con el anterior no merece la pena el esfuerzo. Que ya tenemos una edad, ¿verdad señor Ángel?" - comentaba malhumorada.

El señor Ángel revisaba a menudo los 528,55€ que su país había establecido como justo pago a una vida de trabajo. No le daban para mucho, pero todavía le permitían comprar el periódico los domingos. A veces escuchaba a sus nietos quejarse de que eran mileuristas, pero nunca quiso saber lo que significaba. Él seguía haciendo las cuentas en pesetas.

Algunas cosas habían cambiado tanto... Pero otras no. Las fundamentales no. El señor Ángel siempre vio lo mismo. Cuando, con menos de dieciocho años, tuvo que dejar de trabajar -interrumpir su carrera profesional, decían ahora- para ir a la guerra, lo convencieron de que las cosas eran así. Tras la guerra todo fue duro, había que remontar el desastre, no quedaba otra que trabajar hasta más no poder. No era él el único que necesitaba tener dos trabajos, de lunes a domingo al mediodía para mantener a los suyos.

Primero fueron unos, luego fueron otros, pero siempre fueron los mismos. Sus edades andaban comprendidas entre los treinta y los cincuenta años -lustro arriba, lustro abajo-, eran las élites sociales. Llevaban traje y vivían bien. Casi siempre sonreían. Siempre tenían explicación para todo y sabían cómo tenían que hacerse las cosas. Los jóvenes no tenían nada que decir y sus propuestas eran meras ilusiones irrealizables. Los mayores eran demasiado viejos y ya nadie quería escuchar sus historias. Ya cansados, tampoco tenían ganas de insistir.

A Ángel lo de la crisis le sonaba a cuento chino. Lo había visto otras veces. En cuanto las élites no estaban satisfechas con sus negocios o simplemente se aburrían, necesitaban un cambio de sistema o de modelo. Él nunca se aburrió en más de ocho décadas, ni siquiera en las eternas horas que pasó despiojándose o cazando ratas para matar el rato en la trinchera.

¿Cómo la gente no se daba cuenta?. Lo habían hecho siempre. Infundaban miedo para manejar a la sociedad. Que si vendrán los rojos y acabarán con nosotros, que si los terroristas nos fulminarán, que si hay que comprar casa antes de que sea imposible...

Ahora era la crisis la que iba a acabar con la sociedad, así, de repente, de un mes para otro. El país debía salvar a los más afectados, a esos constructores con pisos a medio construir que ya nadie quería y, sobre todo, a los bancos. El señor Ángel no podía entender cómo a obtener menos beneficios de los esperados lo llamaban ahora pérdidas. Pero al fin y al cabo no tenía estudios y nunca se le dieron del todo bien las matemáticas, así que alguna explicación habría.

Los ayuntamientos comenzaban a comprar viviendas que no se vendían para transformalas en VPOs, el Estado comenzaba a inyectar activos a las entidades financieras. Al parecer los bancos del otro lado del Atlántico habían tenido algún que otro problema con algo tóxico, así que una inyección parecía la mejor solución para que no se contagiaran los bancos de aquí, donde los españoles tenían su dinero.

Las noticias eran diarias y el Gobierno transmitía confianza y tranquilidad. Por lo visto, antes se reían de nosotros, pero ahora éramos un modelo a seguir en temas financieros. El señor Ángel siempre pensó que Mario Conde no podía ser tonto.

Pero pasaban los días, miraba a su alrededor y seguía sin entender nada. Lo curioso es que los demás tampoco lo hacían. Nadie que él conociera. Sólo algunos que vestían de traje y salían en las tertulias de la televisión parecían comprender algo, pero apostaban entre ellos a ver cómo sería el futuro, así que tampoco lo debían de tener tan claro. Pero si lo decían en la uno, por algo sería.

Intentó relajarse y puso la tele. Echaban algo del corazón y había una señorita joven con unos tics extraños dando explicaciones, algo sulfurada. Por lo visto andaba muy preocupada porque su marido pegó y dejó en coma sin querer a un tercero -decían que era profesor- que, en pleno malentendido, se metió donde no debía.

Su marido estaba arrepentido y ella estaba sufriendo mucho. Tanto que estaba de baja por depresión desde hacía meses. No era capaz de trabajar. No estaba suficientemente estable como para poder vender vestidos de novia, su trabajo habitual. Sufría mucho y lo estaba pasando muy, muy mal. No sabía cuándo podría volver a trabajar y enfrentarse a esas duras condiciones, explicaba a toda España ante cinco cámaras de televisión y seis interlocutores que la ponían a prueba en cada pregunta. Y al parecer le pagaban por ello, porque ella justificaba su necesidad de acudir al programa para recaudar dinero para los abogados.

El señor Ángel creía que no se podía trabajar estando de baja. Pero quizá era en sus tiempos. Además, tampoco sabía muy bien lo que era la depresión porque nunca la había cogido, pero debía de ser mala, mala. Se debía de contagiar rápido, porque ya había oido de muchos casos, sobre todo en gente joven y de mediana edad. Era raro porque él creía que los viejos como él eran los más propensos a enfermar.

Ya era tarde, así que el señor Ángel decidió acostarse. Había pasado un día más y, lejos de entender más y por mucho que se esforzaba, cada vez entendía menos. Pero bueno, él era viejo. Era normal no entender las cosas a su edad, y más en estos tiempos de crisis.

Al fin y al cabo, mañana sería otro día. Y ya le faltaba un día menos para ir a comprar el periódico.

07 October 2008

¿Qué se puede aprender de la crisis?


Mucha gente lo veía venir. Una sociedad basada en el consumo y el egocentrismo más exagerado no puede crecer indefinidamente. Al parecer algo está pasando en estos momentos, aunque nadie sabe muy bien el qué ni por qué, pero han decidido llamarlo "crisis". Hasta qué punto es real o imaginaria no importa: si se habla de ella continuamente se convierte en real. Y últimamente no se habla de otra cosa.

Sea como fuere, no es éste el tema del que quería hablar. Quería hablar de la crisis como punto de partida para la reflexión y el cambio. Los precios aumentan, los salarios se estancan (curioso eufemismo que significa bajada de sueldo cuando no se sube ni el IPC) pero las necesidades se mantienen (si no aumentan).

¿Qué podemos hacer?. Quizá seguir quejándonos de todo no es la mejor solución.

Simplificar

En primer lugar y lo más sensato para empezar a atajar la crisis sea simplificar: despojarnos o minimizar las necesidades creadas que abundan a nuestro alrededor. La mayoría de las veces son la pereza o el miedo los que nos hacen seguir pagando servicios inútiles o injustificablemente caros.

Es interesante prescindir de aquello que no necesitamos, especialmente si supone una cuota mensual.

  • ¿De verdad utilizas el teléfono fijo?. Las compañías de Internet nos venden la tarifa plana en llamadas nacionales como un gran ahorro. Sin embargo, no es sino una excusa para subirnos el precio de Internet. Plantéate cuánto llamas desde el fijo y a dónde y haz las cuentas. Salvo que no tengas otra cosa que hacer que llamar por teléfono, es dificil que amortices la tarifa plana de llamadas.
  • ¿Tienes miedo a cambiar de compañía de móvil?. ¿Todavía sigues con operadores que te dicén cuándo y a qué compañías tienes que llamar?. Simplifica. Hace tiempo que existen compañías que cobran a un único precio independientemente de cuándo y a quién llames. Sorprendentemente el precio de estas compañías es incluso más barato que en el antiguo tramo horario superbarato de las compañías de siempre. ¿De verdad crees que no tendrás cobertura y otras leyendas urbanas similares?. Y si no te fías del todo, cómprate un prepago y prueba. ¿Qué tienes que perder?. ¿Quizá firmaste un contrato a cambio de un móvil nuevo u otra promoción que todavía tienes que amortizar?.
  • ¿Cuánto utilizas Internet?. En un país que sigue empeñado en aumentar el ancho de banda "gratuitamente" como excusa para no bajar jamás los precios de Internet, hay que tomar medidas. Afortunadamente la mayoría disponemos de Internet en nuestros trabajos, centros de estudio, bibliotecas, etc... que podemos utilizar. ¿Es sensato pagar 50€ al mes por conectarse a Internet desde casa?. No, pero nos consolamos fácilmente porque es muy fácil amortizarlo bajándose películas, música, etc... que jamás tendremos tiempo material de ver y que en el videoclub de la esquina están a 2€.
  • ¿Qué ventajas tiene tu banco habitual?. Llevas en el mismo banco toda la vida. Desde que te abrieron una cuenta corriente en tu primera comunión. Al entrar a cualquiera de las 300 oficinas de tu ciudad la primera pregunta que te hacen es "disculpe, ¿es esta su oficina?". En caso contrario no podrás realizar la mayoría de los trámites. Te cobran comisión por cada transferencia, por cada tarjeta, por cada vez que viajas y no encuentras un cajero de la entidad. Para mejorar lo presente, su horario de apertura es la mitad que tu jornada laboral, donde tienes que pedir permiso para salir a realizar los trámites. Posteriormente te toca amenazar con que te marchas para que te quiten las pequeñas comisiones y así contárselo a los amigos que no disponen de ese tiempo o no tienen voluntad de hacerlo. ¿De verdad crees que todos los bancos son así?.
  • ¿De verdad necesitas tantas cuentas, cartillas y tarjetas de crédito?. Existen bancos con productos interesantes y sencillos. Una única tarjeta que se comporta como una de crédito en las compras y que da a elegir la posibilidad de sacar dinero a débito o crédito en una extensa y conocida red de cajeros compartida por muchas entidades. De esa forma te basta con una única tarjeta para comprar en establecimientos, por internet, hacer reservas y sacar dinero. ¿Para qué es necesario más?.
Así podríamos seguir hasta el infinito. Actualmente el mercado ofrece una competencia interesante que debemos aprovechar. Obviamente no es cuestión de analizar toda y cada una de las opciones pero sí es intresante que no sea la pereza o el miedo infundado quienes nos mantengan atados a una serie de servicios que no necesitamos o que están completamente desfasados y sólo se mantienen a base de clientes como nosotros.

Clientes que tenemos que estar buscando constantemente de manera artificial cómo amortizar cada uno de los servicios por los que pagamos religiosamente.

Simplifiquemos. Nuestra economía (y sobre todo nuestra cabeza) lo agradecerá. Elimina una cosa y verás como sigues viviendo igual que antes. Así sucesivamente hasta que encuentres tu equilibrio.

Informarse, tener criterio y compartir

Estrechamente unida a la idea de simplificar está la tarea de informarse con criterio y preguntar a los además. Si compartimos nuestras ideas con los demás y viceversa y las despojamos de los tópicos infundados, llevamos mucho trabajo ganado.

La cuestión es que tenemos demasiada vergüenza a las eternas comparaciones con los demás. No queremos hablar de cosas íntimas ni relacionadas con el dinero por si el vecino tiene condiciones más ventajosas que nosotros. O por si las tiene peores y, gracias a nosotros, las mejora.

Con el tema de los servicios siempre nos estamos quejando, muchas veces con razón. Todo es excesivamente caro, a veces hasta injustificable. Un amigo me comentaba cómo una vacuna para determinada enfermedad animal que cuesta a la empresa 0,90€ la unidad y se pone en un minuto se factura a 25€. Es sólo un ejemplo, pues los conocemos en todos los ámbitos: el taller, el dentista, la academia, el párking, el fontanero, el pintor, etc...

Cuantas menos ganas de aprender y menos atrevimiento tengamos, más tendremos que pagar por los servicios que necesitemos. Si cuando eras pequeño nada se te ponía por delante, si has sido capaz de terminar una carrera universitaria... ¿por qué ahora no te atreves a pintar la casa?, ¿por qué no cambias el grifo tú mismo?. ¿Llamas al electricista para cambiar un enchufe?. ¿Te parece imposible colocar una canalera?. ¿De verdad crees que cambiar una ventana o hacerte una con ladrillos de pavés es tarea de expertos?.

Y si tú sólo no sabes o no te atreves, anímate con tus amigos o tu familia. Seguro que alguien, o entre todos, hacéis casi todo lo que os propongáis y demás pasaréis un buen rato. Y si la tarea es complicada, ¿de verdad no tienes ningún amigo que te pueda hacer precio especial o al que puedas devolverle el favor?.

Cuanto más sepas, más ganas tengas y más sana y variada sea tu red de amigos, menos servicios externos necesitarás y más te ahorrarás si los necesitas.

Espera, quizá es el problema. ¿No tienes tiempo?. ¿No tienes amigos?. ¿Tus amigos no tienen tiempo?.

La crisis es un buen momento para reflexionar.